jueves, 10 de mayo de 2018

Ser anarquista y feminista, motivo de censura. ¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!

Me resulta muy difícil concebir que exista nadie tan frío como para que su manera de entender la vida y la sociedad no consista en la acumulación de sus vivencias, que no se pueden tampoco resumir en artículos ni comentarios. Conozco muy bien las consecuencias, tanto positivas como negativas, de tener una tendencia a huir de cualquier clase de rebaño. Las redes sociales son un medio ideal para encontrar a esos individualistas, que no egoístas, entre los que nos entendemos, protegemos y ayudamos. Y a eso, así como al encontrar a gente que no comprendía mis comentarios pero que ha terminado captando todo el conjunto y el contexto y que ha acabado apoyándome, no pienso renunciar a pesar de su lado monstruoso. He sido recientemente, una vez más, bloqueado temporalmente por Facebook. Existiendo toda la gama intermedia, hay dos polos. En uno están los que continúan utilizando un evidente pseudónimo y un dibujo como foto de perfil, lo cual está prohibido, y que continúan compartiendo material de contenido sexual, consiguiendo ser ignorados, afortunadamente, por los puritanos, que pretendiendo ser contrarios a los que abusan de ti, junto a ellos se encargan de dañar tu cuerpo y tu mente. En el otro estamos los que somos “penalizados” al instante mismo de que aparezca la palabra “sexo” o compartamos un videoclip de Marilyn Manson. No me hace falta ser un hacker para estar convencido de que unos estamos mucho más monitorizados que otros. Gran cantidad de mis polémicos comentarios han desaparecido de la visibilidad pública junto a mis cuentas inhabilitadas, y no están ya al alcance de la nueva gente que he conocido pero que afortunadamente no han necesitado para entenderme dentro de un contexto, pero siguen estando vigilados por los administradores de Facebook. No sirve de nada cerrar tu cuenta voluntariamente y pedir la eliminación de toda la información de la cuenta. Quien crea que lo hacen se equivoca. De lo contrario pasados muchos meses se podría abrir otra cuenta con el mismo nombre y dirección de correo electrónico, y os encontraréis con que se os va a prohibir porque esos datos corresponden a otra cuenta existente. Ya no visible, pero existente. Llevan un registro de todas las conversaciones privadas, todas las IPs, navegadores, dispositivos y lugares físicos desde los que has iniciado sesión. Hacerlo utilizando una VPN o desde TOR conduce a una desactivación automática de la cuenta hasta demostrar que se trata de ti con métodos como enviarles tu DNI o una foto de tu cara tomada en ese mismo momento. Mi cuenta de Twitter, que se considera un espacio de muchísima más libertad pero que está endureciendo sus políticas, continúa vinculada a mi anterior cuenta de Facebook que me inhabilitaron, por lo que no puedo vincularla a la actual ya que siempre aparece un mensaje de error, no tengo acceso a aquella cuenta de Facebook, y los administradores advierten de que no se ofrecerá ninguna ayuda referente a cuentas inhabilitadas. Todo lo que actualmente sigo escribiendo en Twitter, automáticamente va a parar a aquella cuenta que ellos siguen observando sabiendo que su titular es el mismo que el de la actual. Ellos sí que tienen todo el conjunto contextualizado de todo aquello que defiendes o de lo que te muestras en contra, y todos los bloqueos, sospechosamente, se producen justo después de haber manifestado determinadas opiniones. Nada de esto me hace querer cerrar la cuenta e irme a la punta del monte a vivir como un ermitaño sin internet, teléfono, tele, radio ni contacto con nadie. Al contrario, me reafirman. Nos seguirán cerrando muchas cuentas indefinidamente y continuaremos abriendo otras. Dicen que hecha la ley hecha la trampa, así que me agarro a la trampa ya que yo personalmente no creo en la ley escrita.

Veamos si consigo enlazar ideas sin agotar. Mis vivencias, irremediablemente, me conducen a ser anarquista y feminista. Feminista porque además de que quienes siempre me protegieron fueron las mujeres, he visto como muchos hombres de todo tipo y orientaciones hemos sido dañados por el machismo, tanto por no corresponder en lo que se supone que un hombre debe ser y mantenerte firme en tus tendencias y convicciones, como por empeñarse en imitar a los demás hombres y comportarse como ellos a pesar de sentir que estás representando un papel en favor del nosotros que pretende anular al yo. Cuando se habla de la gente dañada por una estructura social, resulta insultante que se considere que si no naces con coño no puedes ser igualmente dañado y oprimido. Y anarquista, porque al Estado no le debo absolutamente nada más que dolor y desprotección. Éstas son algunas de las cosas que le debo al Estado:

Diagnósticos falsos, que van más allá de los erróneos, como por ejemplo un falso trastorno esquizotípico de la personalidad para cuyo diagnóstico se basaron únicamente, finalmente admitido por los psicólogos y psiquiatras, en mi estética, así como un falso deterioro cognitivo con las funciones evocativa y ejecutiva dañadas (¿hola? Quien me conozca mínimamente...). Para que corrigieran todo aquello de mi historial, me busqué yo la vida y sin ayuda recurriendo a quejas, segundas opiniones, viajes a otras provincias, e informes privados, sector cuyos precios son indecentes pero su funcionamiento perfecto, que a diferencia del sector público, contempla al individuo como su primera consideración, no a una masa de comportamiento homogéneo matemáticamente descrito sobre un papel. No considero que le deba nada por haberme concedido un tratamiento para la hepatitis C con los nuevos antivirales, ya que si no hubiera amenazado con que al ser chapero quizás se encotrarían con la consulta llena de nuevos infectados a través de mí, seguiría en lista de espera durante indefinidos años hasta llegar al nivel 3 de fibrosis, cuyo siguiente paso es la cirrosis y el cáncer.


Agotar absolutamente todas las vías negándoseme la más mínima ayuda económica, a excepción de las becas de estudio a lo largo de absolutamente toda mi vida a las que no se podían negar dado que soy insolvente y estoy rozando el límite del umbral de pobreza contemplado en España (no manejo bien estos datos). A las ayudas psicológicas rechacé y rechazaré debido a lo anteriormente descrito, y el 51% de discapacidad permanente no me sirve para absolutamente nada de nada.

Que a mi padre, que murió de Insomnio Familiar Letal, una enfermedad genética rara causada por priones que afecta en todo el planeta a alrededor de 100 casos, 20 de ellos concentrados en Euskadi y alrededores, se le negara cuando llegó a la parálisis total y la demencia la silla de ruedas más sencilla del mundo. Nos ofrecieron en cambio, gran detalle, rudimentarias correas de goma para atarlo a la cama y esperar a encontrarlo muerto ya que no hubo hospitalización.

Que cuando denuncié el robo de mi equipaje con toda mi ropa, a excepción de la que llevaba puesta, y mi equipo fotográfico, se me hiciera caso omiso. Lo mismo me ocurrió cuando denuncié a un amigo de muchos años que estaba conviviendo conmigo en mi piso de Barcelona y que mientras estaba en Donosti debido a la enfermedad de mi padre llenó el piso de gente y desapareció del planeta. Imposible demostrar que no eran subalquilados míos y no de mi amigo. Los mossos que acudieron conmigo, en el momento en el que empecé a perder los nervios, me advirtieron a mí de lo que hacía y se largaron. No me importa lo más mínimo que mi amigo fuera negro (lo doloroso fue que se trataba de un amigo con el tuve relaciones sexuales), ni que la gente que metió en mi piso, por muy contradictorio que parezca, fueran varios senegaleses y un alemán rubio que dibujó una esvástica en la pared de mi dormitorio, de lo que me acusaron a mí. Es lo que tiene repudiar el racismo en cualquier dirección al mismo nivel que el machismo y anteponer el individuo a la masa.

Nunca he denunciado ninguno de los múltiples maltratos psicológicos ni los abusos sexuales que he sufrido. No veo por qué de repente el Estado me fuera a dar importancia ninguna después de todo lo vivido. Esto puede llevar a defender la venganza personal, a la que no solemos recurrir los que la defendemos porque nos arriesgaríamos a ir a la cárcel y como que no nos parece un bonito lugar para pasar unas largas vacaciones. Pero en cualquier caso, si se defiende la venganza personal, se trataría de dirigirla hacia quienes te han dañado, no hacia todos los que pueden ser potencialmente dañinos ya que entonces te tendrías que cargar a todo el planeta. De la misma manera y dependiendo del carácter de cada uno, la rabia y el odio pueden ser instrumentos para no vivir en un trauma permanente que es mucho peor. Al fin y al cabo todos tenemos hipotálamo y todas las emociones, que éstas sí que no son ninguna clase de constructo social , existen para la supervivencia. Reprimirlas es lo que conduce a su manejo inadecuado y al abuso de poder que se tiene o al que se aspira. Creo que queda bastante claro que hablo de gente como Irantzu Varela y su distorsionada visión de todo lo que le rodea. Pero, si al contrario, se defiende el respeto absoluto a la legislación estatal, ésta debe ser exactamente igual para todo el mundo, y ésta sí que no debe de tener ni género ni genitales. Porque, Leticia Dolera, guapa, yo no pertenezco a un campo de nabos. Y a las misándricas y andrófobas que liáis conceptos y repudiáis a los hombres feministas, lo siento pero no os puedo devolver las tetas. Psicológicamente yo tengo nabo, tetas, piel de diversos tonos, alas de murciélago, cuernos de toro utilizado por sádicos para divertirse, cola de rata de cloaca, y garras de gatos protectores de humanos desagradecidos, entre otras cosas, lo cual agradezco profundamente y me alegro de poder empatizar con cualquier individuo agredido. Y que terminen cerrándome la cuenta actual de Facebook una vez más.



Artículo publicado originariamente en Disidencias.net