Hoy, como siempre, me he encontrado con un panorama de enfrentamiento al que tanto gusto se le está cogiendo, y por supuesto he sido también tachado de lo que no soy. No voy a mencionar el nombre de quien ya todos sabemos. No me voy a referir a la pena impuesta a sus violadores, hayan decidido en el juicio denominarlo como hayan querido. Ni los que se quejan de que el Estado se inmiscuya en nada conciben un mundo sin él, con lo que qué decir de la nueva izquierda que pretende que el Estado diseñe las vidas de sus propiedades, ya que eso es lo que somos legalmente. Resulta que yo soy anarquista (tienden también a llamarme ácrata considerándolos sinónimos), pero intento ser realista, y visto que el planeta entero seguirá organizándose en forma de Estados y que el Estado se inmiscuirá siempre en tu vida para decidir lo que necesitas y lo que no, una tendencia cada vez mayor, me ciño a lo que el Estado ha decidido y que espero que no sea un modelo para el futuro. Ni he salido a las calles con un sector feminista que parecía haber olvidado la razón de ser de su manera de actuar justamente hoy, ni he pasado del tema, porque no es necesario ni siquiera ser mujer para sufrir cualquier tipo de agresión y/o abuso, que lo mismo me da que me da lo mismo, a tu integridad física y/o psíquica. Aunque siempre defiendo a los clientes, gilipollas y malnacidos, hombres o mujeres, los hay por todas partes, así que además de haber sufrido durante toda la infancia bullying del que el Estado se encargó enviándome a un psicólogo porque no me relacionaba con los que me acosaban, como chapero sólo he tenido dos clientes a los que me hubiera gustado dar una paliza, un cliente que me denigró y no en ninguna clase de juego de roles, y otro que tras el servicio no me pagó. Sin querer hacer comparaciones gratuitas, me sentí violado, así como Diamanda Galás considera haber sido violada por los que no le pagaron cuando ejerció de prostituta. Entiendo su dolor, y estoy escandalizado por lo que espero que no se convierta en tendencia. Ahora parece ser que todos tenemos el mismo carácter, voluntad y capacidad de reacción. No te quedes de piedra porque pueden juzgar que consentías. Controla la rabia contra el violador, no vaya a ser que te conviertas en una nueva Aileen Wuornos, a quien yo admiraba y que el Estado asesinó. No, tú limítate, sin que se tenga en cuenta ni tu carácter ni la comunicación verbal, a lanzar por la boca un explícito "no" que al violador le importará tres cojones, y espera a que terminen de violarte, porque ya que el Estado va a decidir por ti robándote tu autonomía, es la única manera de dejar de ver al violador y superar la violación, a lo que la sociedad no ayuda ya que se te dice que mejor hubieras muerto antes que vivir de por vida con ese trauma (preguntaros de una vez si en lugar de ayudarla la estáis hundiendo), ya que las otras opciones pueden llevarte o a ser juzgada y condenada a haber consentido como si el terror paralizante no existiera, o a ir tú a la cárcel por defenderte por tu cuenta. Espeluznante panorama en el que la víctima es juzgada como paso indispensable para sentenciar a los agresores, de cuya pena no me estoy preocupando, sino de la situación por la que quizás más víctimas tengan que pasar. Porque víctima se es, y saberse víctima y tener las herramientas para superarlo ayuda a no basar el resto de la vida en la victimización. Y me tacharán de sensacionalista a pesar de evitar todo nombre propio, pero sé lo que es quedarse mudo y de piedra mientras dentro de ti suena ésto que deberíamos de ayudar a superar, a la última víctima y a las siguientes.
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viernes, 27 de abril de 2018
martes, 23 de septiembre de 2014
Anarquismo, belleza y amor libre: 5 motivos por los que amamos a Emma Goldman
Con una lucha organizada de décadas, feministas de todo el mundo han aportado una idea clave: el cambio social no tendrá traducción si sigue yendo de la mano de privilegios de género.
Igualmente, la revolución no puede ser gris ni aburrida, y eso es algo
que sabía bien Emma Goldman (Kaunas, 1869 – Toronto, 1940), la
anarquista que quiso bailar sobre las cenizas del Estado. Ahora Capitán
Swing y Fundación Anselmo Lorenzo editan el primer volumen de su
autobiografía, “Viviendo mi vida”, un completo relato no solo de
las vivencias de “Emma la Roja”, la que fuera en su momento “mujer más
peligrosa de América”, sino también de décadas de Historia
revolucionaria. Repasamos aquí cinco puntos clave de su trayectoria
vital.
1. Entre el individuo y el estado.
Emma Goldman representa la clásica tensión libertaria entre el individuo y lo colectivo.
Sin lugar a dudas, ella fue una figura heterodoxa. Goldman ejemplifica
como pocas pensadoras la no siempre cómoda relación entre el “yo” y el
“nosotras”. En las páginas del libro asistimos a un debate en primera
persona entre la independencia personal y la llamada Causa, en lo que
constituye uno de los mejores ejemplos de la diatriba entre activismo
incansable y desarrollo íntimo. A su vez, el odio de Goldman al autoritarismo la convertirá en una de las primeras ideólogas obreras de postín
(permítase la licencia herética) a la hora de denunciar la brutalidad
colectivista, que ya atisbó en los primeros años de estatalismo
soviético.
2. Una memoria plural.
A pesar de lo personal, sus memorias no son solo suyas. Ni siquiera del movimiento revolucionario. Son más bien las de todo un período histórico
(finales del siglo XIX y primer tercio del XX), en el que las fuerzas
anticapitalistas comenzaron a probar el asalto a los cielos del mundo.
En Viviendo mi vida asistimos a un desfile de personalidades
excepcionales, todas ellas conocidas de primera mano por Goldman: de
Alexander Berkman a Peggy Guggenheim pasando por Piotr Kropotkin, Louise
Michel, Sigmund Freud, Errico Malatesta, J. Edgar Hoover o Lenin.
3. Feminismo, sexo y amor libre.
Hablar de Emma Goldman es hacerlo de feminismo, sexo y amor libre
en el contexto libertario. La autonomía personal, la autodeterminación
sobre el propio cuerpo y los deseos que este pide encantan por encima
del amor individualista y propietario. Si las primeras páginas abren con
un matrimonio fallido antes de los 20, el recorrido posterior estará
plagado de preocupaciones principales para Goldman, como por ejemplo el
control de natalidad obrera, la utilización y difusión de
anticonceptivos o la hipocresía que observaba en la represión de las
trabajadoras del sexo. Lo corpóreo está siempre presente en esta
activista que se ganaba parte de su vida como enfermera en Nueva York.
Algunos de los mejores fragmentos de Viviendo mi vida detallan los sentimientos y sensaciones que experimentaba con cada uno de los hombres con quien decidió compartir parte de su vida. En Goldman lo político lo es todo, desde su exposición pública en tanto que mujer.
4. Si no puedo bailar…
Para ella, amar las cosas bellas
no suponía ninguna contradicción. El canto, el teatro, un cuadro, el
baile, no eran productos surgidos de la estética banal de la alta
cultura, sino manifestaciones artísticas que todo ser humano debería poder disfrutar para hacer la existencia más llevadera.
El afán de romper esta frontera con la cultura burguesa desde una
óptica revolucionaria le granjeó numerosos episodios desagradables e
incomprensiones en el propio seno anarquista: que la
coleccionista de arte Peggy Guggenheim fuera una de las mecenas de sus
memorias deja bastante clara esta faceta en la vida de la activista. A pesar de todo, nunca dejó escrita la famosa frase “Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”.
5. Últimas esperanzas.
La violencia
atraviesa toda su vida, y así aparece junto a su concepción del
amor/sexo en un cóctel que la hizo, siendo además mujer, sujeto de
atracción para las masas de su época. La propia Goldman variará sus
posiciones con respecto a la violencia, y alrededor de ella y de su
utilización revolucionaria se desarrolla gran parte del relato de su
vida. Hablamos de su fascinación por el terrorismo nihilista ruso,
los mártires de Haymarket, el amor que siente por Berkman acentuado por
el atentado cometido por este, la cárcel como propio punto de
inflexión, su implicación indirecta en el asesinato del presidente
McKinley, la oposición al creciente militarismo que derivó en la IGM, el
férreo nacimiento de la URSS o la revolución anarquista de Barcelona.
Esta era la última esperanza en el final de una vida excitante.
Fuente: http://goo.gl/FiImqL
sábado, 27 de octubre de 2012
Spinoza vs Gallardón
Baruch Spinoza (1632-1677)
Alberto Ruiz-Gallardón (1958- )
Alberto Ruiz-Gallardón (1958- )
En el siglo XVII el filósofo judío Spinoza, excomulgado y repudiado por la comunidad judía al pasarse del monoteísmo al panteísmo tras considerar que Dios no es un ser antropomorfo dotado de personalidad, voluntad e intelecto, sino que Dios se encuentra en todo y en todos y que todo y todos somos formas de Dios sin que eso implique la existencia de un ser "superior" con consciencia, corriente que se podría relacionar con el budismo y el concepto del inconsciente colectivo desarrollado por Jung (más que por Freud), y después de verse también dado de lado por muchos cristianos a pesar de haberse sentido integrado en algunos grupos de cristianos librepensadores, consideró que era el Estado y no la religión el que tenía que garantizar la libertad individual y colectiva, entendiendo siempre que esa libertad ha de verse lógicamente coartada cuando atenta contra la de otro ser. Nada más y nada menos que 4 siglos después, en el siglo XXI, un político ultrarreligioso, conservador y taurópata de, se me permita o no decirlo, dudoso nivel intelectual, pretende tomar en una época de crisis medidas tales como limitar el derecho de manifestación considerando superior su libertad en relación a la del resto de población a la que se supone representa. No me queda más que dejaros aquí lo que Spinoza escribió en relación con este tema a mediados del siglo XVII:
"Si
nadie puede renunciar a la libertad de pensar y de juzgar según su
propio criterio, y si cada uno, por un derecho de naturaleza imposible
de suprimir, es amo de sus propios pensamientos, de ello se deduce que
en una comunidad política siempre tendrá un resultado desastroso el
intento de obligar a los hombres que tienen opiniones diversas y
contradictorias, a formular juicios y a expresarse en conformidad con lo
que ha sido prescrito por la autoridad soberana. Por otra parte, los
hombres no saben callar: no lo saben hacer los más dotados y prudentes, y
mucho menos la gente común. Confiar a los demás los propios designios y
las propias opiniones, cuando sería necesario callar, es una especie de
debilidad muy extendida. Será por tanto sumamente opresivo aquel
gobierno que quiera suprimir la libertad de manifestar y de exponer de
manera exhaustiva el propio pensamiento, mientras que dará pruebas de
mesura el gobierno que le reconozca a todos dicha libertad."
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