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lunes, 26 de septiembre de 2016

Larry Clark

Llevadme con vosotros para sentirme integrado en una comunidad que se ama y que odia al resto de la sociedad. Como vosotros, tengo tatuada sobre mi negra pupila una cruz roja y blanca de sangre y semen. Bellos cuerpos expulsados del Edén que han creado el suyo propio. Las seductoras agujas me producen una tranquilidad que la incertidumbre de un mundo que no entiende de individuos anula día tras día, minuto tras minuto. Vivís sin miedo a la muerte, a lo que tanta gente aspira. El tiempo carece de sentido. Todo entre vosotros es amor, materializado en los fluidos, orgánicos o sintéticos, que compartís generosamente. Tras la polla, la aguja. Penetración sin descanso. Dejadme vivir en vuestra comunidad anarquista, donde nadie tiene derecho a hacer daño a nadie ni de obligarle a nada. En este lado del mundo la muerte siempre está presente. La muerte del individuo, encajándolo donde más conviene o machacándolo poco a poco si no encaja en ninguna parte. Cada mínimo acto burocrático se me presenta como una inmensa montaña a escalar. Desatadme de la moral provinciana, necesito una vida cimentada sobre la ética. Mi cuerpo está preparado para recibir el acto de amor de bienvenida. Mi sangre está preparada para formar parte de los ríos de vuestro Edén. Mi cuerpo había comenzado ya a convertirse en hierro, dejando palpable la fuerza que me niegan, pero yo no quiero vivir entre robots, ni siquiera con la intención de hacerles frente. Carne y sangre es lo toda la vida he buscado ansiosamente. Os la ofrezco voluntariamente, haced con ellas lo que más conveniente consideréis. Me dejo caer a vosotros como vulnerable ser sin género. Por favor, no me dejéis caer al suelo sin una mano que acaricie la mía...



























Ampliamente reconocido como uno de los fotógrafos americanos más importantes e influyentes de su generación, Larry Clark (Tulsa, Oklahoma, 1943) es conocido tanto por sus fotografías crudas y polémicas y sus, también polémicas, películas centradas en la sexualidad adolescente, la violencia y el consumo de drogas (Kids, 1995). Clark irrumpió en la conciencia pública con su histórico libro Tulsa en 1971, y ha seguido utilizando la fotografía para explorar urgentes problemas sociales relacionados con la cultura juvenil. En particular, está interesado en la investigación de los peligros y la vulnerabilidad de la masculinidad adolescente, que a menudo se explora desde una perspectiva autobiográfica. ¿Alguien duda de dónde proceden esa vulnerabilidad y esa violencia? Se llama Tierra y es un planeta poblado por mamíferos comportándose como insectos mecánicos que, presuntuosamente, utilizan el término universal para designar a aquello que es de alcance planetario. Pero nunca podréis entrar en nuestros universos sin que vuestras antenas diseñadas para manipular el Tiempo ardan convulsivamente ante la inmensidad de nuestro Espacio. Aún tenéis a Larry Clark para rato...


lunes, 23 de junio de 2014

Raymond Depardon: "Manicomio"

El sueño de la razón produce monstruos, seres lunáticos. Y los monstruos y los locos están mejor en jaulas. Da igual si escupen fuego por la boca, si se muestran malignos o violentos, o simplemente se dedican a contar estrellas con una sonrisa eterna dibujada en la boca: a quienes han perdido "la razón", a quienes se cree que deliran, a los hombres perturbados que no se comportan igual que el resto, hay que segregarlos. No vaya a ser que acaben alterando la paz del rebaño. ¿No es eso?

"Una tarde, oí a alguien gritando y empujé una puerta para abrirla. Me encontré de cara con un hombre en una jaula. Tuve dudas sobre si debía fotografiarlo. Pregunté a una enfermera sobre el porqué de que se le estuviera aplicando ese tratamiento particular. Me dijo que el hombre era violento y peligroso, especialmente para sí mismo".

Así describe Raymond Depardon una de las escenas que forman parte de su libro Manicomio, publicado a principios de año por la editorial Steidl. El libro se nutre de fotografías tomadas hace más de tres décadas en una serie de centros psiquiátricos de varios rincones de Italia. En 1977, Depardon tuvo la suerte de conocer a Franco Basaglia, director del "asilo para locos" de Trieste, y fue éste quien animó al francés a documentar lo que ocurría en aquellos centros. "Vas a poder fotografiar aquí a pacientes que no vas a ver en ningún otro lado, pero la realidad es exactamente igual en Francia o América", le dijo el psiquiatra. "El hospital psiquiátrico les ha hecho de esta manera; ahora es demasiado tarde, no hay nada más que yo pueda hacer por ellos. Toma tus fotografías... De otro modo, la gente no nos creerá".

Basaglia, uno de los máximos representantes del movimiento antipsiquiátrico de su país, conocido por su denuncia pública de las condiciones deplorables en las que operaban los manicomios de la época, fue uno de los impulsores del movimiento intelectual y político que logró la clausura de los hospitales psiquiátricos italianos en 1978. Depardon estuvo allí, antes y después de la entrada en vigor de aquella Ley 180, capturando con su cámara la realidad diaria de los enfermos mentales internados en centros como los de Trieste, Nápoles, Turín, San Servolo (el manicomio de Venecia, hoy convertido en museo) o San Clemente.

En 1982, Depardon ya dedicó un filme documental a los últimos días del manicomio de San Clemente. Sin embargo, el grueso de las fotografías tomadas durante aquellos cuatro años —entre 1977 y 1981— habían permanecido guardadas durante décadas. Hace un par de años, el francés se decidió por fin a editar aquel trabajo para dar forma a un libro que queda como testamento de una época oscura para la psiquiatría. Aquella 'psiquiatría de manicomio' que personajes como Foucault o el propio Basaglia veían más como instrumento de control social que como un método efectivo para curar. Más cárcel que terapia. Puede que Manicomio sea reflejo de un episodio concreto de la historia italiana, pero no hay que olvidar que escenas parecidas se dieron —y aún se dan— en muchos otros lugares del mundo. También en nuestro país.



Fuente: http://www.playgroundmag.net

martes, 10 de junio de 2014

Kitra Kahana, la fotógrafa vagabunda que retrató la libertad

Kitra Kahana vivió durante meses con una comunidad de jóvenes nómadas de Estados Unidos. Ella lo llama “el otro sueño americano”.


A los seis años, Kitra Kahana guardaba en su armario una maleta con algo de ropa y latas de comida: “Sentía una profunda inquietud por caer en la rutina y el aburrimiento. Soñaba que recogía bayas y conocía gente extraña que vivía en las fronteras”. Tras cursar estudios en Filosofía y Antropología Visual, Kahana, que nació en Miami y se crió entre Canadá y Suecia, hizo realidad su sueño gracias a la fotografía documental.


Kitra Kahana se unió a una comunidad de jóvenes nómadas durante meses y creó el proyecto Nomadic, a raíz del cual empezó a colaborar con revistas como National Geographic. A Kahana la diferenciaba la inmersión y la complicidad que desarrollaba con su objeto de estudio: “El sueño nómada es el otro sueño americano: lo experimentan los hobos, los viajeros, autoestopistas, vagabundos y nómadas”.


Hoboemia: hermanos de la carretera


Precisamente con este trabajo Kahana quiso visibilizar a los hobos que siguen existiendo en EEUU. Pero, ¿qué es la hobohemia?: “Cuando oímos esta palabra pensamos en una imagen en blanco y negro, en un anciano abrigado y cansado tirado en un vagón de tren. Pero estas fotos son en color, y representan a una comunidad ferozmente viva que se desplaza por el país, creativamente libre, con unas vistas de los Estados Unidos que otros no ven”.


El mundo hobo hace referencia a los trabajadores trashumantes americanos de principios del siglo XX, a una contrasociedad forjada por trabajadores migrantes “autóctonos” y vertebrada por los trenes de mercancías. A finales del siglo XIX se desarrolló en Estados Unidos toda una contracultura dotada de instituciones, saberes legales e ilegales e incluso una jerga propia. El libro Boxcar Bertha, autobiografía de una hermana de la carretera (Pepitas de Calabaza, 2014) nos da una idea de cuáles eran los fundamentos de esta sociedad paralela. Escrito por Ben Reitman, “el rey de los hobos”, este volumen versa sobre Bertha Thompson, una mujer que fue prostituta, ladrona, trabajadora social y revolucionaria.


Nacido en Minessota en 1879, Reitman se convirtió en el médico de los mendigos y trotamundos, se pasó media vida cuidando de las prostitutas como Thompson, entre ellas las explotadas por Al Capone. Practicó abortos clandestinos y fue un reformador social que terminó relacionándose con la élite intelectual de Chicago. Esta ciudad fue el epicentro del ejército de pobres que se extendieron hacia el medio oeste y el oeste de Estados Unidos durante el siglo XX. Los hobos, a quienes no les faltaban ganas de vivir y adquirir conocimientos, construyeron una sociedad clandestina de la apenas quedan algunos vestigios, ya que fue aniquilada por el asistencialismo social de los años treinta.


Entender la libertad


Kitra Kahana pretende dar a entender que este modo de vida también puede ser una elección. Como explica en su conferencia TED, de día estos jóvenes saltan a vagones de tren, sacan el pulgar y viajan, ya sea con camioneros o madres de familia. Por las noches duermen juntos bajo las estrellas y rodeados de sus perros: “Algunos renuncian al materialismo, empleo, trabajos tradicionales y a una carrera por un poco de aventura. Otros fluyen en los márgenes de la sociedad sin oportunidades para avanzar”. Como explica el libro de Ben Reitman, en la sociedad hobo (trabajadores nómadas) también abundan los tramp (que no trabajan si no queda otro remedio) y los bum (que nunca lo hacen). Kahana explica que en estas comunidades también hay adicción y sufrimiento, no todo es ideal: en la cambiante comunidad retratada en Nomadic hay adolescentes que huyen de la adopción, del abuso y de los hogares crueles: “Yo soy testigo de cómo una larga lista de leyes criminaliza la existencia nómada. En muchas ciudades de EEUU ya es ilegal sentarse en la acera, taparse con una manta, dormir en tu propio coche y ofrecer comida a un extraño”.


Aunque otros vean en ellos historias de fracaso y de experiencias económicas fallidas, explica Kahana, ellos ven su vida desde el prisma de la liberación: “Sacrifican el confort por el tiempo y espacio para explorar, soñar y crear. Prefieren vivir de las sobras de una sociedad derrochadora que esclavizarse por el improbable sueño americano”.


Fuente: http://www.playgroundmag.net

kitracahana.com