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miércoles, 7 de octubre de 2015

Henry S. Salt: "Los derechos de los animales"




Aunque ya existen libros incluso un siglo anteriores, "Los derechos de los animales" de Henry S. Salt, publicado por primera vez en 1892, fue un libro pionero en lo que a los derechos de los animales y al significado de este término se refiere. Tras una introducción de Jesús Mosterín y unas primeras palabras de Henry S. Salt donde ya se advierte que se trata de un término muy utilizado en las falacias y los juegos de palabras y que no trata esta obra de discusiones académicas y lingüísticas sino éticas, Salt deja clara la necesidad de contemplar el significado de derecho del mismo modo para humanos y para razas inferiores, término que no comparto pero bastante utilizado, aunque sea en menor grado, ya que las características de las que los humanos se vanaglorian también se encuentran en los demás animales aunque sea en ese menor grado. Se trata de un libro corto, de fácil lectura y dividido en cortos capítulos que de manera muy didáctica tratan de un ámbito diferente en el que los animales son torturados y sus derechos son vulnerados, aunque esto no evita desde luego que nos hallemos ante un libro muy profundo y que en el año en el fue publicado tuvo que resultar desde luego muy llamativo y pionero.

El libro se divide en los siguientes capítulos:

1.- El principio que reconoce los derechos de los animales: Todos entendemos como derechos vitales, primordiales, esenciales e inherentes a la existencia misma del individuo el derecho a la vida, a hacer con ella lo que uno quiera, a no ser torturado ni privado de libertad. El término libertad también ha sido muchas veces utilizado en juegos de palabras para ridiculizar a los que la defienden, ya que no se puede tolerar que alguien tenga la libertad de matar, por poner un ejemplo extremista, por lo que la libertad ha de ser restringida. Pero es que en la defensa de la libertad de todos los seres sintientes, la de todos, no la mía sobre la tuya, esa restricción va implícita, resultando una obviedad que cada uno ha de tener la libertad de hacer con SU vida lo que quiera, pero nunca nada con la de otros si ellos no quieren, y que debe ejercer su libertad sin dañar a nadie. Pues bien, teniendo en cuenta que, aunque sea en mayor o menor grado, todos los seres sintientes compartimos estos mismos intereses, también en mayor o menor grado hemos de disfrutar de la libertad de gozar de ellos, es decir, hemos de tener los mismos derechos, derechos que no se basan en que tú tengas una obligación, sino en que otro tiene una obligación respecto a ti, algo muy patente en el caso de los niños y los animales no humanos, tanto más cuanto más dependen de los humanos, algo que Jesús Mosterín ya aclara en la introducción. Ya Salt en este capítulo, muy ingeniosamente teniendo en cuenta el año en el que se escribió, habla de cómo los blancos pusieron el grito en el cielo cuando se reclamaron los derechos de los negros, como ocurrió en el caso de las mujeres, situación que comenzó a cambiar drásticamente y de manera rápida, dando una visión optimista también en lo que se refiere al estado de los animales no humanos. Hace hincapié también en el concepto de necesidad, ya que lo utilizamos para justificar prácticas que no son en realidad necesarias para el ser humano.

Si tenemos que matar, ya se trate de hombre o de animal, matemos y ya está; si hemos de infligir dolor, hagamos lo que es inevitable, sin hipocresía, sin evasivas, sin gazmoñería. Pero (en esto reside el punto cardinal), asegurémonos antes de que es necesario; No trafiquemos arbitrariamente con las innecesarias miserias de otros seres e intentemos luego acallar nuestra conciencia con una serie de excusas mal traídas que no resisten un solo momento de imparcial investigación.

2.- El caso de los animales domésticos: De manera acertada separa Salt los denominados animales domésticos de los salvajes. ¿Tenemos nosotros derecho a esclavizar a individuos de otras especies? Si ya está hecho y muchos animales han sido modificados hasta el punto de que hemos pasado a compartir de alguna manera el mismo entorno natural dependiendo siempre ellos de nosotros, ¿no tenemos acaso la obligación de respetar sus características naturales y proporcionarles el mayor bienestar posible como hacemos con los niños?

La vida normal de las «bestias de carga», el caballo, el asno y la mula, es de principio a fin una ruda negación de su individualidad y su inteligencia. Solemos dirigirnos a ellos y tratarlos como necios intrumentos de la voluntad y el placer humanos, en vez de como los seres sensibles y de elevada organización que son.

Aparte de los derechos universales que poseen en común con todos los seres inteligentes, los animales domésticos tienen un especial derecho a la cortesía y al sentido de equidad de los seres humanos por cuanto son no sólo sus criaturas compañeras, sino sus compañeros de trabajo. Están a su cargo y son, en muchos casos, miembros asociados a la familia y huéspedes de confianza en su hogar.

la esclavitud es odiosa e inicua en toda ocasión

3.- El caso de los animales salvajes: Así como los animales domésticos, aunque evidentemente no éticamente, son legalmente de nuestra propiedad, no ocurre lo mismo con los animales salvajes, por lo tanto, con mayor razón se hace patente de parte de quién está la barbarie cuando los arrancamos de su entorno natural, sea cual sea la razón. Ningún animal es per se una plaga, un alimento, un vestido o cualquier otra cosa. Es obvio que la defensa propia es totalmente legítima, pero eso no nos da derecho en ser los primeros en atacar si no hay ningún peligro patente en ningún ámbito.

Aprovechar los sufrimientos de los animales, salvajes o domesticados, para la satisfacción deportiva, la gula o la moda, resulta del todo incompatible con ninguna posible afirmación de los derechos de los animales.

Enjaular a un ave canora es otra práctica que merece la mayor reprobación.

Señalaré por último que, si deseamos cultivar una más estrecha intimidad con los animales salvajes, debe ser una intimidad que se base en el amor genuino por ellos en cuanto seres vivientes y criaturas compañeras, y no en el superior poder o astucia que nos permiten arrancarlos de su hábitat nativo, frustrar la entera finalidad de su vida y degradarlos para convertirlos en animales objeto, en curiosidades, en autómatas que nos ahorran trabajo.

4.- La matanza de animales como alimento: Todavía hoy en día este campo es el que más heridas hace sangrar entre los propios defensores de los derechos de los animales, y Salt, que este libro concreto no quería dedicarlo al vegetarianismo (para ello ya escribió otro libro ya que era vegetariano), no pudo aun así resistirse a dedicarle unas palabras para defender la total ausencia de dolor físico y psíquico en los animales que destinamos a nuestra dieta, aunque dejando claro que él ya intuía que este campo sería el más lento en cambiar, pero que estaba convencido de que finalmente lo haría.

La anatomía comparada ha demostrado que el hombre no es carnívoro, sino frugívoro, en su estructura natural, y la experiencia ha demostrado que la alimentación a base de carne es totalmente innecesaria para sustentar una vida saludable.

Hace cincuenta o cien años quizá existiera alguna excusa para suponer que el vegetarianismo era una simple manía. Pero no existe en la actualidad semejante excusa.

El argumento común, que adoptan muchos apologistas del consumo de carne, o de la caza del zorro, según el cual el dolor que se inflige al matar a los animales está más que compensado por el placer que han gozado durante su vida, ya que de otro modo no hubieran existido siquiera, es más ingenioso que convincente, ya que no es en rigor nada más que la vieja y conocida falacia que ya hemos comentado: el arbitrario truco de constituirnos nosotros en portavoces e intérpretes de nuestras víctimas.
(Y los siempre anclados en el pasado tauricidas siguen recurriendo en la actualidad a esta falacia...)

5.- Caza deportiva, o matarifes de afición: Lamentablemente, cuando un matarife de la industria cárnica se excede (ejem...) en su trabajo y es grabado torturando, maltratando y golpeando a un animal puede escudarse en que "es su trabajo", lo que no deja de ser de alguna manera legalmente cierto en ocasiones, aunque desde luego nunca éticamente. ¿Pero qué pasa cuando ciertas especies y razas de animales son criadas para que ataquen a otras para la mera diversión del humano que no va a comer en general a esos animales (o aunque lo haga ya bastante penoso es que exista la industria alimenticia como para que se añadan más víctimas inocentes innecesariamente) y que llega a maltratar y abandonar a los predadores que mostraban incluso amor por sus verdugos? Ya Salt se dió cuenta en el siglo XIX de que urgía legislar estas barbaries, y en ello seguimos, pero no me quiero imaginar cómo era todo cuando existía la, encima, distinguida caza del zorro, aunque la caza con galgos siga poniendo los pelos de punta.

Si es que los animales —o los seres humanos, si se quiere— han de ser sacrificados, pues sacrifíqueselos. Pero hallar diversión en la angustia mortal de otros seres es en verdad de una estupidez desoladora.

6.- Sombrerería asesina: Salt dedicó este capítulo concretamente a la sombrerería y no a la utilización de pieles en general, porque consideraba que la utilización del cuero natural iría disminuyendo con la disminución de la matanza de vacas y cerdos (cierto es que los veganos nos hemos multiplicado increíblemente desde el siglo XIX, pero no contempló que aunque la industria liberaría a muchos animales de servir para el trabajo como así ocurrió, Henry Ford desarrollaría la producción en cadena que se aplicaría en tantos ámbitos de la vida), mencionando además que la utilización de cueros artificiales se estaba extendiendo, y consideró que el caso de matar aves con el único fin de adornar las cabezas de las inglesas del XIX, embellecimiento que seguro que necesitaban pero que se convertía en afeamiento con el vertido de sangre, necesitaba un capítulo específico, por lo, a todas luces y se mirase por donde se mirase, innecesario de la práctica, práctica que no existiría si el producto no fuera demandado, siendo las verdaderas responsables las que utilizaban sombreros con plumas y no los que arrancaban esas plumas a las aves. Considero que hoy en día es igual, y que los que pagan son los que hacen que una práctica no desaparezca, aunque entonces no contaban con la industria publicitaria que tanto ha cambiado todo...

A la alimentación carnívora corresponde la orgullosa distinción de causar una mayor cantidad de sufrimiento que ninguna otra costumbre; a la caza deportiva, el mérito de una brutalidad única, sin parangón; mientras que la clientela de la sombrerería asesina proporciona el ejemplo más maravilloso de la capacidad de la mente humana para ignorar las responsabilidades personales.

7.- La tortura experimental: Existen muchos libros actuales a este respecto, escritos por científicos y destinados a abolir la experimentación animal, pero llama la atención que ya en el siglo XIX se apelara por el desarrollo de técnicas alternativas hoy bastante desarrolladas aunque intereses empresariales hagan que no continúen desarrollándose hasta dejar a la vivisección desfasada.

Nada que sea aborrecible, repugnante, intolerable a los instintos generales de la humanidad, es necesario. Es mil veces preferible que la ciencia renuncie a la cuestionable ventaja de ciertos descubrimientos problemáticos, o que los posponga, a que se atente incuestionablemente contra la conciencia moral de la comunidad creando confusión entre el bien y el mal. El atajo no siempre es el camino recto, y perpetrar una cruel injusticia contra los animales inferiores y tratar luego de excusarla sobre la base de que beneficiará a la posteridad, es un argumento tan inadecuado como inmoral. Puede que sea ingenioso (en el sentido de engañar al que no sabe), pero no es con certeza científico en ningún sentido verdadero.

Quienes trabajan para abolir la vivisección, o cualquier otro mal en particular, deberán hacerlo con el declarado propósito de tomar una de las plazas fuertes del enemigo, no porque crean que con ello habrá concluido la guerra, sino porque podrán hacer uso de la posición así ganada como un ventajoso punto de partida para un progreso todavía mayor.

8.- Líneas de reforma: ¿Cómo conseguir cambiar la mayoritaria idea de que hay un insalvable abismo entre humanos y animales, términos que casi parecen opuestos cuando los humanos somos una especie animal más? Principalmente, mediante dos vías. La educación, tanto de niños como de adultos, y la legislación, tan importante si se vive en una sociedad moderna (dejemos el posmodernismo para otra ocasión) para prohibir el mal, porque como se ha dicho al principio, cada individuo debe tener el derecho de hacer con su propia vida lo que quiera, pero nada por la fuerza con la de los demás.

La gran república del futuro no limitará al hombre su beneficiencia.

(...)se trata de aseverar que la razón nunca puede, por sí sola, dar lo mejor de sí; no puede ser nunca verdaderamente racional, excepto cuando se halla en perfecta armonía con los instintos y simpatías emocionales, profundamente asentados, que subyacen a todo pensamiento.

Muchos activistas actuales no se muestran tan optimistas como lo era Salt, pero como él recalca, no nos olvidemos de que la situación de los esclavos negros cambió de la noche a la mañana, la de las mujeres, según se vea, también lo hizo o lo está haciendo todavía pero rápidamente, lo mismo pasó con los niños trabajadores, y somos ya millones los que defendemos los derechos de los animales no humanos ya que ellos no lo pueden hacer por sí mismos. Dejemos a un lado la ecología y el mal inherente al ser humano que continuará creando guerras, y aferrémonos a un pensamiento optimista, indispensable para cambiar algo. Ya lo dijo Leigh Hunt: «Que el dolor y el mal existan no es regla para que cualquier idiota los agrande». El establecimiento de los derechos de los animales no humanos y la prohibición de su vulneración y el cada vez mayor castigo por cometerla es ya imparable.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Arthur C.Clarke: "El alimento de los dioses"

Fotografía de Josu Sein. Un filete arrancado del lomo de un pobre cerdo maltratado y masacrado junto a un filete de seitán compuesto únicamente de harina de trigo y agua, tan protéico como el primero. ¿Tanto se nota la diferencia?

EL ALIMENTO DE LOS DIOSES (Arthur C. Clarke)
Es una mera cuestión de honradez, señor presidente, el advertirle que gran parte de mi testimonio va a ser sumamente desagradable; implica aspectos de la naturaleza humana que muy rara vez han sido discutidos en público, y menos ante una comisión del Congreso. Pero me temo que no tienen más remedio que afrontarlo; hay momentos en que debemos rasgar el velo de la hipocresía, y éste es uno de ellos.

Ustedes y yo, señores, descendemos de una larga estirpe de carnívoros. Veo por sus expresiones que muchos de ustedes desconocen el término. Bueno, no es de extrañar; pertenece a una lengua que cayó en desuso hace unos dos mil años. Tal vez sea mejor que nos dejemos de eufemismos y seamos brutalmente sinceros, aun cuando tenga que emplear expresiones que no se han oído jamás entre gente educada. Pido perdón de antemano a todo aquel a quien pueda ofender.

Hasta hace unos siglos, el alimento predilecto de casi todos los hombres había sido la carne: la carne de animales que se sacrificaban. No pretendo revolverles el estómago; es sencillamente la constatación de un hecho que pueden comprobar en cualquier manual de historia... Pues claro que sí, señor presidente. Estoy totalmente dispuesto a esperar a que el senador Irving se sienta mejor. Nosotros los profesionales olvidamos a veces las reacciones que pueden experimentar los profanos ante declaraciones de esta naturaleza. Al mismo tiempo debo advertir a la junta que lo que viene a continuación es mucho peor. Si alguno de los presentes es algo delicado, le sugiero que siga el ejemplo del senador, antes de que sea demasiado tarde...

Bueno, pues continúo. Hasta los tiempos modernos, todo el alimento estaba clasificado en dos categorías. La mayor parte se derivaba de las plantas: cereales, frutas, plancton, algas y otras formas de vegetación. Nos es difícil comprender que la inmensa mayoría de nuestros antepasados fueran granjeros y sacaran el alimento de la tierra o del mar mediante técnicas primitivas, a menudo muy penosas, pero ésa es la pura verdad. El segundo tipo de alimento, si se me permite volver sobre tan desagradable tema, era la carne, obtenida de un número relativamente pequeño de animales. Puede que sus nombres les resulten familiares: vacas, cerdos, ovejas, ballenas. La mayoría de la gente - lamento insistir en esto, pero el hecho está fuera de toda discusión - prefería la carne a cualquier otra clase de alimento, pese a que sólo los más ricos podían satisfacer este apetito. Para la mayor parte de la humanidad, la carne era un bocado exquisito, casi desconocido, en una dieta compuesta en más de un noventa por ciento de verduras. Si consideramos el hecho serenamente y de una manera desapasionada - como espero que el senador Irving está en disposición de hacer en este momento -, podemos ver que la carne se convirtió en algo raro y caro, pues su producción requiere un proceso extremadamente ineficaz. Para producir un kilo de carne, el animal en cuestión tenía que comer por lo menos diez kilos de alimento vegetal... alimento que muy frecuentemente podía haber consumido el hombre directamente. Al margen completamente de cualquier consideración estética, este estado de cosas no podía tolerarse después de la explotación demográfica del siglo XX. Todo hombre que comía carne condenaba a diez o más de sus semejantes a la inanición...

Felizmente para todos nosotros, la bioquímica ha resuelto el problema: como deben saber ustedes, la respuesta la dio uno de los innumerables productos accesorios de la investigación espacial. Todo alimento - animal o vegetal - es extraído a partir de un número muy reducido de elementos corrientes. Carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, trazas de azufre y de fósforo... Esta media docena de elementos, junto con algunos más, se combinan en una casi infinita variedad de maneras, componiendo todos los alimentos que el hombre ha utilizado y utilizará jamás. Al enfrentarse con el problema de la colonización de la Luna y los planetas, los bioquímicos del siglo XXI descubrieron el medio de obtener sintéticamente cualquier elemento deseado a partir de las materias primas fundamentales de agua, aire y roca. Fue quizás el logro más importante de la historia de la ciencia. Pero no debemos enorgullecernos demasiado de ello. El reino vegetal nos había superado ya en mil millones de años.

Los químicos podían ahora producir sintéticamente cualquier tipo de alimento imaginable, tuviera o no su correspondiente paralelo en la naturaleza. No hace falta decir que hubo errores... y hasta desastres. Se erigieron imperios industriales que luego se vinieron abajo; el cambio de la explotación agrícola y animal por gigantescas instalaciones de elaboración automática y los omniversores de hoy fue a menudo doloroso. Pero tenía que darse ese paso, y ahora estamos mejor por esa razón. Se ha eliminado para siempre el problema del hambre, y disfrutamos de una alimentación rica y variada como no se ha conocida en ninguna otra época. Además, naturalmente, se ha logrado una ventaja moral. Ya no sacrificamos millones de seres vivos, y aquellas repugnantes instituciones que eran los mataderos y las carnicerías han desaparecido de la faz de la Tierra. Nos parece increíble que nuestros antepasados, por toscos y brutales que fuesen, pudieran tolerar semejantes obscenidades. Y no obstante... es imposible romper totalmente con el pasado. Como he dicho ya, somos carnívoros; heredamos gustos y apetencias adquiridos a lo largo de un millón de años. Nos agrade o no, hace sólo unos años, algunos de nuestros bisabuelos disfrutaban comiendo carne de cordero y de carnero y de cerdo... cuando podían. Y nosotros aún disfrutamos hoy de ese placer... ¡Dios mío! Será mejor que el senador Irving espere fuera a partir de ahora. Creo que no he debido expresarme con tanta brusquedad.

Lo que quería decir, naturalmente, es que muchos de los alimentos sintéticos que actualmente consumimos tienen la misma fórmula que los antiguos productos naturales; algunos de ellos, efectivamente, son réplicas tan exactas que ninguna prueba química o de otro tipo podría encontrar la diferencia. Esta situación es lógica e inevitable; los fabricantes nos hemos limitado a tomar como modelos los alimentos presintéticos más populares, y reproducir su gusto y textura. Naturalmente, hemos creado también nombres nuevos que no sugieren origen anatómico o zoológico alguno, evitando así desagradables asociaciones. Cuando vamos a un restaurante, la mayoría de los nombres que encontramos en la carta han sido inventados a partir de principios del siglo XXI, o son adaptaciones de los nombres originales franceses, por lo que muy pocas personas podrían reconocerlos. Si alguna vez quieren ustedes averiguar cuáles son sus respectivos umbrales de tolerancia, pueden hacer un interesante, pero sumamente desagradable, experimento. La sección clasificada de la Biblioteca del Congreso posee un amplio repertorio de menús de restaurantes famosos - sí, y de los banquetes de la Casa Blanca -, registrados desde hace quinientos años hasta la fecha. Son de una franqueza cruda, disecadora, que los hace casi ilegibles. Creo que no hay nada que revele más vívidamente el abismo que se abre entre nosotros y nuestros antepasados de hace sólo unas cuantas generaciones... Sí, señor presidente... estoy llegando a la cuestión; todo esto está íntimamente relacionado con el motivo de mi alegato, por desagradable que parezca. No es mi intención estropearles el apetito; me limito a exponer el fundamento para el cargo que quiero presentar contra mis competidores, la Corporación Triplanetaria de Alimentación. De no entender este fundamento, podrían pensar que no es más que una queja trivial motivada por las graves pérdidas que ha soportado mi compañía desde que apareció en el mercado la Ambrosía Plus.

Todas las semanas, señores, se inventan nuevos alimentos. Aparecen y desaparecen como las modas femeninas, y sólo uno de cada mil viene a sumarse permanentemente al menú. Es extremadamente difícil acertar en el gusto del público de buenas a primeras, y reconozco sinceramente que la serie de platos Ambrosía Plus han obtenido el más grande éxito en toda la historia de la industria alimenticia. Todos ustedes conocen la situación: los demás platos han desaparecido del mercado. Como es natural, nos hemos visto obligados a aceptar el desafío. Los bioquímicos de mi organización son tan buenos como los de cualquier otra compañía del sistema solar; así que se pusieron a trabajar inmediatamente en la Ambrosía Plus. No les revelo ningún secreto industrial si les digo que tenemos análisis de casi todos los alimentos, naturales o sintéticos, que ha utilizado la humanidad, incluso de platos exóticos de los que ustedes no han oído hablar jamás, como calamares fritos, langostas con miel, lenguas de pavo real, polipodios venusianos... Nuestra vasta biblioteca de sabores y texturas es nuestra base fundamental, así como la de todas las sociedades del ramo. De ella podemos seleccionar y mezclar elementos para cualquier combinación imaginable; y normalmente podemos obtener un duplicado, sin grandes dificultades, de cualquier producto que saquen nuestros competidores. Pero la Ambrosía Plus nos ha tenido desorientados durante bastante tiempo. Su precipitado de proteína-grasa la clasificaba decididamente como una carne sin demasiadas complicaciones... y, sin embargo, no lográbamos reproducirla exactamente. Esa ha sido la primera vez que han fracasado mis químicos; ninguno de ellos podía explicar qué era lo que confería a la sustancia su extraordinario atractivo, el cual, como todos sabemos, hace que, en comparación, nos parezca insípido cualquier otro alimento. Y con razón... pero vayamos por partes.

En pocas palabras, señor presidente: el director de la Corporación Triplanetaria comparecerá ante usted... más bien de mala gana, estoy seguro. Le dirá que la Ambrosía Plus se compone de aire, agua, calcio, azufre y demás. Eso es completamente cierto, pero es lo menos importante de toda esta historia. Pues nosotros acabamos de descubrir su secreto... que, como la mayoría, es bien simple una vez conocido. Desde luego, debo felicitar a mi competidor. Por fin ha hecho aprovechables cantidades ilimitadas de lo que es, por la naturaleza de las cosas, el alimento ideal de la humanidad. Hasta ahora lo ha habido en proporciones extremadamente reducidas, y, por tanto, lo venían paladeando los pocos entendidos que podían obtenerlo. Todos ellos, sin excepción, han jurado que no existe nada que se le pueda comparar ni remotamente.

Sí; los químicos de la Triplanetaria han hecho un trabajo magnífico. Ahora, a ustedes les toca resolver las repercusiones morales y filosóficas. Al empezar mi alegato he utilizado el viejo término de carnívoros. Ahora debo darles a conocer otro que, dado que lo empleo por vez primera, convendrá que lo deletree: C-A-N-I-B-A-L-E-S... 

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Por el amor del Diablo, que la carne in vitro se comercialice de una vez... Por el bien de los humanos, del planeta y el medio-ambiente, de los perros y gatos que viven con nosotros, y sobre todo por el de los animales "de granja"...

lunes, 26 de agosto de 2013

Live And Let Live


Vive y deja vivir. Esa máxima tan lógica y tan manida por ser usada cuando no corresponde, si es que es alguna vez usada más allá de unas vacías palabras. El debate, la tesis o el relato podría ser muy largo y argumentado, pero hay días en los que uno siente que poco tiene que aportar ya que todo está dicho, más que mostrar que otra gente sí que está haciendo cosas que tú no. Marc Pierschel, utilizando como título esta misma máxima ya que para que tú vivas, y muy bien, no tienes por qué impedir que otros seres lo hagan, se propuso la realización de este documental a favor del veganismo y sus activistas (y por supuesto de cualquier maltrato animal) y en contra de la explotación animal y la industria cárnica, con todo lo que ello conlleva a diversos niveles y que los veganos no paramos de explicar, sólo que lamentablemente en ocasiones la financiación hay que buscarla donde sea menos en el propio gobierno, en este caso, entre los simpatizantes. A continuación os dejo el tráiler del documental subtitulado en castellano, seguido de la web oficial y de otra web que es en la que, a los que podéis y queréis, se os explica cómo y cuánto donar para que el prometedor documental de Marc pueda terminarse y vea la luz.

Suerte, Marc.





www.letlivefilm.com

www.startnext.de/liveandletlive (ayudad a Marc, los que podáis, a finalizar su maravilloso proyecto...)

miércoles, 11 de febrero de 2009

¿Por qué soy vegano?


Porque me da asco. Me llama la atención que a la gente le repugne el cine de terror o las fotografías de Witkin, que utiliza cadáveres humanos y de otros animales y que a mí me parecen bellas, y que sean capaces de meterse a la boca esos cadáveres y masticarlos.

Por salud. No sólo un vegano no tiene carencias, sino que en una alimentación basada en la carne faltan muchas cosas y sobran otras tantas, como colesterol y ácido úrico. Las grasas saturadas son perjudiciales y las proteínas de origen animal (incluida la leche) reducen la densidad de los huesos y provocan osteoporosis. La carne carece de hidratos de carbono y fibra, tan necesarios y que abundan en el reino vegetal, pero es que al contrario de lo que algunos creen, también abundan las proteínas. Los frutos secos contienen ácidos graos, a pesar de que nos lo vendan como si sólo se encontraran en el pescado. A nada que se coma un poco de algas no hay carencia de vitamina B12, que también se encuentra en otros alimentos vegetales.

Porque no soy especista. No discrimino a los individuos por su sexo, raza o especie. Mucha gente se echa las manos a la cabeza cuando se dice que en algunos sitios se comen perros y gatos y se utilizan sus pieles así como las de otros animales más exóticos, pero un cerdo o una vaca (al igual que un atún o cualquier otro animal) son exactamente iguales y sufren lo mismo. El cuero también es piel arrancada a un animal.

Porque todo ser con sistema nervioso sufre dolor y miedo exactamente igual que nosotros. Las plantas son seres vivos pero carecen de sistema nervioso. Un ser que existe anclado a la tierra, sin sentidos y que no se alimenta de otros seres vivos no tiene necesidad de detectar a presas ni de sentir peligro, dolor físico o miedo.

Porque los animales de los que nos alimentamos no conocen otra cosa más que el sufrimiento. Son criados con una pésima alimentación destinada a engordarlos, se los maltrata, son transportados multitud de ellos aplastados en un camión mientras sufren golpes y roturas de huesos, los cerdos por ejemplo son matados uno tras otro sin el más mínimo rastro de ética y sin comprobar si siguen vivos después de acribillarles el cuello cabeza abajo, son sumergidos en agua hirviendo para eliminar el pelo y ablandar la piel, y muchos de ellos salen del agua hirviendo gritando y removiéndose, y un largo etcétera.

Porque no sólo no es necesario, sino que es un capricho. No lo necesitamos para sobrevivir. Cuando alguien defiende comer carne por su sabor, está haciendo referencia a un capricho, no a una necesidad. Y no hablemos ya del foie gras, que sólo se obtiene teniendo encerrados a gansos y ocas en diminutas jaulas con una abertura por donde sacan la cabeza y les meten un embudo hasta el estómago por el que se les introduce a la fuerza una cantidad de cereales mezclados con grasa animal equivalente a 13 kilos de pasta en humanos, llegando a hacer esto 8 veces al día hasta que su hígado precirrótico es 7 veces mayor a su tamaño natural.

Porque comiendo animales nos estamos cargando la cadena ecológica, así como por la tremenda superpoblación de humanos que existe. Eso de "estar arriba" en la cadena alimentaria es resultado del complejo de superioridad de los humanos. Ningún ser está por encima de otro. Así como hay animales carnívoros (sólo pueden comer carne) también hay animales herbívoros o vegetarianos (sólo pueden comer vegetales), y nosotros somos omnívoros, pero porque podemos comer de todo, no porque necesitemos comer de todo. Más bien el hecho de tener conciencia, raciocinio, empatía, etc., nos debería de obligar a no comer animales. No se produciría ningún desastre por eso, más bien al contrario.

Porque fui plenamente consciente de que apenas existen granjas ecológicas. Se meten infinidad de gallinas ponedoras en diminutas jaulas y se acaban picando entre ellas debido al tremendo estrés que sufren, por lo que se les cortan los picos sin anestesia y se les deforma la cara. Los machos que "no sirven" son tirados vivos por centenares a cubos de basura en los que mueren aplastados, e incluso son molidos vivos. Las vacas lecheras son inseminadas artificialmente. En el momento en el que su retoño nace se lo quitan, con el shock que esto le provoca. A ese retoño se le alimenta con carencia de hierro para provocarle anemia y obtener carne blanca y tierna, y el cuajo (la leche que está digeriendo) que tiene en el estómago e intestinos se utiliza para fabricar derivados lácteos. A la madre se la hormona para que siga produciendo leche y se conectan sus ubres a máquinas para extraérsela a la fuerza durante todo el día, por lo que constantemente tienen que ser tratadas por inflamaciones. Pasado un tiempo es vuelta a inseminar artificialmente. Después de unos 13 años siendo ovolacteovegetariano, no podía seguir comiendo huevos ni láceos. Por cierto, las tortillas veganas, con harina de garbanzos con agua en vez de huevo, están ricas.

Porque el hecho de que tengamos raciocinio no nos da derechos sobre otros seres. Al contrario, nos da responsabilidades y obligaciones. Si no, simplemente ejercemos abuso de poder, al igual que unos grupos de personas lo hacen sobre otras menos favorecidas. No me vale que algunos presuman tanto de ser los únicos seres que sienten si no se ponen en práctica la pena, la empatía, etc. Es otra excusa para poner en práctica la crueldad.

Por razones humanitarias y ecológicas. Jamás se ha consumido tanta carne como hoy en día, ni siquiera en las clases altas. Se producen (porque se consideran meros productos) miles de millones de animales, no lo olvidemos, dirigidos al "primer mundo" y a cadenas de comida rápida. Se deforestan zonas completas para las granjas y las plantaciones de cereales destinadas sólo a esos animales, con el daño que eso provoca y toda la cantidad de agua que se necesita, cuando con ese agua y esos cereales se podrían salvar del hambre literalmente a pueblos enteros de gente por la que no se hace nada. Además la fermentación de los excrementos de tantos millones de animales equivale de media a un cuarto de las emisiones de metano causantes del efecto invernadero (en algunos países es la principal causa), por no hablar de la contaminación de las aguas al ser vertidos todos los excrementos al mar.

Porque también estoy en contra de la experimentación animal. Después de someter a los animalestoda clase de inhumanas (atentos a la palabra...) torturas para medicinas y cosméticos, tienen que ser testados igualmente en humanos porque el organismo de cada especie es diferente, no sirve para nada, cuando se pueden utilizar métodos físico-químicos, modelos matemáticos y computerizados, las córneas de bancos de ojos, estudios con voluntarios humanos, cultivos de tejidos, células y órganos (y todavía se sigue poniendo el grito en el cielo por las células madre...), etcétera. Espero que acabe siendo obligatorio especificar en todos los productos si han sido testados en animales o no.

Go vegan!!!!!!!

Documental Earthlings
http://video.google.es/videoplay?docid=7576567901991519153

Fotografías de Josu Sein. En una de las fotografías aparece un lomo de cerdo y un filete de seitán, en la otra sólo un filete de seitán.