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domingo, 24 de enero de 2016

Manipulaciones contrarrevolucionarias

Autorretrato realizado en diciembre del 2015

Los defensores y perpetuadores de modelos económicos, sociales y políticos en perfecto funcionamiento desde hace las suficientes décadas, si no siglos, como para no poder ocultar ya que su propósito y resultado es el mismo al margen del mecanismo utilizado y de su denominación lingüística, no pueden ya, precisamente por ese afán de anquilosarse en una polaridad que vista con la suficiente perspectiva resulta imposible no comprenderla como las 2 caras de la misma moneda, considerarse revolucionarios. La figura más extendida hoy en día es la del contrarrevolucionario, ya se autodenomine capitalista o comunista, individualista o socialista, o cualquiera de los términos que hacen referencia o se relacionan con los mismos conceptos. Por pretender hacer desaparecer el Estado Moderno sobre el que se erigen modelos socioeconómicos que, los que no se paran a observar todo dando un giro completo sobre sí mismos para tener una visión global, consideran opuestos a pesar de servir todos a la misma institución, mentirosa por naturaleza, que domina al mundo completo, el Estado, el máximo dictador con una fascinante capacidad de camuflaje, sería el anarquismo en estos momentos el modelo más revolucionario posible. El feminismo y el movimiento queer por oponerse al milenario machismo, el veganismo por oponerse al milenario antropocentrismo, el movimiento libertario por oponerse al milenario autoritarismo al margen de la ropa con la que se vista, son algunas de las pocas corrientes revolucionarias existentes, sin que implique que no existan individuos que se consideran seguidores de estas corrientes y que actúan de manera contradictoria, todas ellas corrientes profundamente relacionadas con el anarquismo como puede comprobar cualquiera que indague en las fuentes primarias. El artista revolucionario y libertario que plasma estas corrientes por impulso natural y que no contrapone interior y exterior, derechos individuales y colectivos, ni romanticismo y realismo social, no puede por definición ni trabajar al servicio de una élite clasista ni al servicio de colectividades con comportamiento de rebaño manipuladas por opresores que dicen pretender liberarlas. No puede por definición trabajar al servicio de nadie más que de sí mismo y de sus impulsos, mostrando tanto interior psicológico individual como preocupaciones sociales pero sin crear nunca propaganda para instituciones oficiales al servicio del Estado, sea cual sea y se vista como se vista ese Estado para representar, como el gran actor que es, el papel que más le conviene. Ese es el verdadero "l'art pour l'art", la verdadera autonomía del arte, concepto manipulado con fines muy específicos. Todo lo demás es contrarrevolucionario. Grita ¡¡¡Revolución!!! y acudirá en su defensa la figura contrarrevolucionaria más extendida hoy en día. El facha que va de progre.

(escrito perteneciente a la serie de vómitos dirigidos a amplios sectores del departamento de Historia del Arte de la UNED, enero del 2016)


jueves, 22 de octubre de 2015

Peter Singer: "Liberación Animal"



Tantas obras en defensa de los derechos de los animales no humanos citadas en este blog, y aún no había leído el gran clásico del movimiento animalista, "Liberación animal" de Peter Singer. Problema resuelto, y con gran satisfacción, ya que se trata de una gran obra que va argumentando a través de diferentes capítulos que tratan de los diversos ámbitos en los que los animales no humanos son maltratados, por qué debemos tenerlos en consideración exactamente de la misma manera que a los humanos, siendo la primera obra que comenzó a tratar el concepto de especismo. Se trata además de una edición actualizada, o más bien reescrita por Peter Singer en el 2011, dando nuevos datos actualizados, tanto para bien como para mal, además de corregir alguna opinión que ha cambiado desde la primera edición de 1975. La mejor manera de abordar y resumir el libro, es capítulo a capítulo.


1.- TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES...
o por qué el principio ético que fundamenta la igualdad entre humanos exige que también que extendamos la igualdad a los animales

En unas pocas páginas introductorias, Singer argumenta el principio base de toda la obra, la igualdad de todos los seres sintientes. Pero cuando se refiere a esa igualdad, para acallar a todos los que digan que evidentemente somos diferentes (y el resto de animales entre sí también, porque poco tienen que ver una ballena y un gusano), deja claro que se trata de considerar a todos los seres sintientes con intereses por igual independientemente de las diferencias y de que a causa de ellas los derechos tampoco sean los mismos (no tendría sentido darle a un perro el derecho al voto), ya que lo contrario sería un intento de justificar todo tipo de torturas y matanzas en aras de una supuesta y arbitraria superioridad, tal como ocurrió con las mujeres o los negros, algo que aunque siga ocurriendo ha cambiado radicalmente sin que hoy en día seamos conscientes, por no haberlo vivido, de cúal era la situación de los esclavos negros o las mujeres hace tan solo dos siglos, un cambio que ahora se está extendiendo a todas las especies animales. Un punto de vista optimista necesario para seguir luchando, ya que si pensamos que lo que estamos haciendo no sirve para nada dejaremos de actuar permitiendo que todos los animales vuelvan a la situación en la que se encontraban hace siglos.

El principio básico de la igualdad no exige un «tratamiento» igual o idéntico, sino una misma consideración. Considerar de la misma manera a seres diferentes puede llevar a diferentes tratamientos y diferentes derechos.

No existe ninguna razón lógicamente persuasiva para asumir que una diferencia real de aptitudes entre dos personas deba justificar una diferencia en la consideración que concedemos a sus necesidades e intereses. El principio de la igualdad de los seres humanos no es una descripción de una supuesta igualdad real entre ellos: es una norma relativa a cómo deberíamos tratar a los seres humanos.
(…)
Este principio de igualdad implica que nuestra preocupación por los demás y nuestra buena disposición a considerar sus intereses no deberían depender de cómo sean los otros ni de sus aptitudes.

Si la posesión de una inteligencia superior no autoriza a un humano a que utilice a otro para sus propios fines, ¿cómo puede autorizar a los humanos a explotar a los no humanos con la misma finalidad?

La capacidad para sufrir y disfrutar es un requisito para tener cualquier otro interés


2.- HERRAMIENTAS DE INVESTIGACIÓN...
o cómo se emplean tus impuestos

Aunque la utilización de animales no humanos para la investigación médica y otros objetivos tan nauseabundos como los militares, han mejorado y disminuido desde la primera edición del libro, ni mucho menos han desaparecido. La mayoría de ellos resultan absurdos, con finalidades para las que el mero sentido común ya nos es suficiente, como saber si darle frío a alguien que ha sufrido un golpe de calor es adecuado. Experimentos tan absurdos como éste se siguen realizando, con terrible dolor para los animales utilizados, y más aún cuando se justifica diciendo que la anestesia puede interferir en el resultado. Muy pocos de ellos son publicados en revistas científicas, y cuando lo son, se hace con todos los detalles y sin esconder toda la crueldad infligida. Son los que Singer describe en el libro, pero si se suman los que no se publican, que son la mayoría, los realizados para fines militares, los realizados para pruebas de cosméticos, y los que se realizan en estudios de ciencias por parte de los estudiantes, aunque afortunadamente cada vez son más los que apelan a la objeción de conciencia, podemos hacernos una idea de la terrible masacre. No se trata de utilizar a un animal no humano para salvar a millones de humanos, sino utilizar millones de animales no humanos para muy pocas veces conseguir mediante ello salvar vidas humanas. Y algo que tenemos que tener muy en cuenta es que se realizan gracias a nuestros impuestos, impuestos que si nos pusiéramos firmes podrían ser utilizados para desarrollar y perfeccionar técnicas denominadas hoy en día alternativas pero que podrían ser las básicas por ser incluso más efectivas. Y por supuesto, en este ámbito no podía faltar el especismo.

Pocas personas sienten lástima por las ratas y, sin embargo, son animales inteligentes y no puede haber lugar a dudas de que son capaces de sufrir, y de que sufren por los innumerables y dolorosos experimentos que se realizan con ellas. Si el Ejército dejara de hacer experimentos con perros y usara en su lugar ratas, también deberíamos preocuparnos.

El dilema central del investigador se plantea, pues, de forma especial en la psicología: o bien el animal no es como nosotros —en cuyo caso no hay razón para realizar el experimento—, o bien el animal es como nosotros y, en este caso, no debemos utilizarlo para realizar un experimento que consideraríamos una atrocidad si lo hicieran con uno de nosotros.

Si el investigador aduce que el experimento es lo bastante importante como para justificar que se cause sufrimiento a los animales, ¿por qué no lo es como para justificar que se cause sufrimiento a humanos del mismo nivel mental? ¿Cuál es la diferencia entre ambos? ¿Solamente que uno es miembro de nuestra especie y otra no? Pero apelar a esa diferencia revela un prejuicio no más defendible que el racismo o cualquier otra forma de discriminación arbitraria.


3.- EN LA GRANJA INDUSTRIAL...
o lo que sucedió a tu comida cuando aún era un animal

Éste es un punto especialmente sangrante, ya que muchos animalistas siguen consumiendo productos de origen animal sin darse cuenta de que es el ámbito en el que más número de animales se torturan y masacran, y con más crueldad. Cabría preguntarse si es ético incluso criar animales para sacrificarlos cuando biológicamente no necesitamos ningún producto animal (otra cosa diferente es encontrarse un animal muerto por causas naturales), pero de todas maneras esto ha pasado a la historia. Las pequeñas granjas han tenido que desaparecer o convertirse en grandes fábricas de producción en cadena para sobrevivir. De ahí provienen los alimentos de origen animal, incluida la leche de vacas a las que se les impide moverse por estar conectadas a una máquina sacalecehes y siendo hormonadas para que sigan produciéndola hasta que vuelven a ser inseminadas quitándoles a su cría a la que se le provocará anemia para el capricho de unos sibaritas o hasta que es sacrificada cuando ya tiene una terrible mastitis y no es capaz de producir más leche, y los huevos de gallinas hacinadas hasta tal punto que les cortan el pico sin anestesia provocando gran dolor e infecciones posteriores para que no se picoteen entre ellas por el terrible estrés que sufren. Ya casi todos sabemos que la carne se obtiene mediante producción en cadena, en el caso de los cerdos, por ejemplo, siendo desplazados colgados boca abajo de una máquina transportadora hasta que el matarife les clava un cuchillo que pocas veces los mata antes de que sean sumergidos en agua hirviente para eliminar el pelo y ablandar la piel. Y a pesar de ello, todavía hay muchísima gente que ve el pedazo de carne envasado como algo producido en el propio supermercado y pocas veces se preguntan qué ha sido de él cuando estaba vivo. Afortunadamente muchas asociaciones han revelado vídeos en los que se ve la realidad, pero automáticamente han surgido campañas publicitarias intentando ridiculizar a los veganos. Y por supuesto, de nuevo el especismo. No deja de ser cínico, nos demos cuenta o no, que nos escandalicemos porque en China se coman perros y gatos y en Japón y países nórdicos ballenas y delfines, y que no nos preocupemos del resto de especies animales por el simple hecho de pertenecer a otra especie que consideramos "hecha" para nuestros paladares.

Para la mayoría de los seres humanos, especialmente los de las modernas comunidades metropolitanas, la forma de contacto más directa con los animales no humanos se produce a la hora de las comidas: nos los comemos. En este simple hecho está la clave de nuestras actitudes hacia otros animales y también de lo que cada uno de nosotros podemos hacer para cambiarlas. El uso y el abuso de los animales que se crían para procurarnos alimento excede con mucho, en números absolutos de animales afectados, a cualquier otro tipo de malos tratos.


4.- HACERSE VEGETARIANO...
o cómo producir menos sufrimiento y más alimento a un menor coste para el entorno

Si tenemos en cuenta lo anteriormente dicho, está en nuestras manos cambiarlo. No consumimos porque se oferta y se produce, sino que se oferta y se produce porque consumimos. Si todos nos hiciéramos veganos, muchas de las acciones públicas de activistas ni siquiera serían necesarias. Y además de la ética también entra en juego la ecología, ya que se deforestan grandes zonas para cultivar cereales para miles de millones de animales destinados a carne esencialmente para el primer mundo y que no paran de emitir metano, una de las grandes causas del agujero de ozono, con todo el agua necesaria para los cultivos, cuando ese agua y esos cereales salvarían del hambre y la muerte a millones de humanos.

Hacerse vegetariano no es un mero gesto simbólico. Tampoco es un intento de aislarse de la desagradable realidad del mundo, manteniéndonos puros y, por tanto, sin responsabilidad alguna por la crueldad y las matanzas que abundan en todas partes. Hacerse vegetariano es el paso más eficaz y práctico que se puede dar para poner fin tanto a la muerte de los animales no humanos como a todo aquello que les causa sufrimiento.

El vegetarianismo es una forma de boicot.

Cuanto más pequeña sea la demanda, más bajo será el precio y menor el beneficio. Cuanto menor sea el beneficio, menos será el número de animales criados y sacrificados.

Independientemente del sabor de las comidas, es probable que las personas que contemplan la idea vegetariana se preocupen de si este régimen les va a proporcionar la nutrición adecuada. Estas preocupaciones carecen de fundamento. En numerosas partes del mundo han existido culturas vegetarianas cuyos miembros han gozado de la misma salud, y a menudo mejor, que los no vegetarianos que vivían en zonas similares. Los hindúes ortodoxos han sido vegetarianos desde hace más de 2.000 años. Gandhi, vegetariano toda su vida, tenía cerca de 80 años cuando una bala asesina acabó con su activa vida. En Gran Bretaña, donde viene existiendo un movimiento vegetariano oficial desde hace más de 140 años, hay vegetarianos de tercera y cuarta generación. Muchos vegetarianos famosos, como Leonardo da Vinci, León Tolstoi y George Bernard Shaw, han vivido vidas largas e inmensamente creativas.


5.- EL DOMINIO DEL HOMBRE...
una breve historia del especismo

A lo largo de toda la historia de la humanidad pocas sociedades no han explotado a los animales no humanos. Hay signos de que los que consideramos más bárbaros, nuestros ancestros de la prehistoria, basaban su dieta en los vegetales, y en cualquier caso se trataba de mera supervivencia y no de tiranía, porque a excepción de religiones como el budismo y el hinduísmo, que el resto de religiones, como las paganas y politeístas que realizaban sacrificios a los dioses, el judaísmo, cristianismo e islam que han considerado que Dios ha creado al resto de los animales para su servicio, que a partir del Renacimiento se afianzara la idea de que el hombre era el centro y medida de todo, pudiendo equipararse humanismo y antropocentrismo, y ya en el periodo de la Ilustración, cuando se comenzó a depender menos de las religiones y más progresos se consiguieron, que hubiera científicos, como Descartes, que difundieron la idea de que los animales no humanos eran meras máquinas animadas que no sentían nada y cuyos gritos eran como los sonidos de un reloj que se desmonta, ayudando a generalizar la vivisección, es tiranía. Incluso filósofos que no consideraban a los animales no humanos como seres inferiores a nuestra disposición, como Schopenhauer, no podían abandonar la idea de que la carne era necesaria para sobrevivir. Todas estas ideas, consciente o inconscientemente como en el caso de Schopenhauer, conducían a la tiranía de los humanos hacia el resto de los animales, y la tiranía es tiranía se ejerza sobre quien se ejerza, independientemente de su sexo, raza o especie.

¿Es el sufrimiento de otras criaturas un mal en sí mismo? Si es así, ¿no estaríamos por esta razón obrando mal al hacerles sufrir o, cuando menos, al hacerles sufrir innecesariamente?


6.- EL ESPECISMO HOY...
defensas, racionalizaciones y objeciones a la liberación animal, y los progresos logrados para superarlas

La opresión sobre los animales no humanos comienza desde que somos muy pequeños y, amemos y valoremos al resto de los animales o no, siendo más bien lo habitual lo primero y siendo lo segundo una influencia de los adultos, comemos la carne que nos ponen en el plato sin ser conscientes ni de qué se trata, siendo incapaces en el futuro de abandonar esa práctica. Afortunadamente cada vez son más corrientes los libros de cocina vegetariana y las asociaciones que abogan por dejar de comer animales y derivados, reaccionando con mayores campañas cuando una productora de carne intenta ridiculizar a los vegetarianos y veganos. Movimientos como el feminismo han ayudado a que la igual consideración y la concesión de ciertos derechos básicos comunes a todos los seres sintientes se apliquen también a cualquier raza, etnia y cada vez más incluso especie, reduciendo notablemente el especismo. Ninguno de los productos que antes era necesario fabricar con productos de origen animal lo es ahora, ni cuero, ni pieles, ni plumas, ni velas, y así hasta el infinito, y los que se siguen fabricando con gelatina de origen animal podrían ser fabricados, gracias a la presión de las asociaciones de activistas animalistas, con gelatina vegetal. El especismo no ha desaparecido, ni mucho menos, pero deberíamos de tener en consideración que hace escasos años ese término ni siquiera existía. Es un movimiento que se seguirá extendiendo, siendo necesaria una visión optimista que nos empuje a seguir actuando aun siendo conscientes de los miles de millones de animales que siguen siendo masacrados en aras de una arbitraria y artificial superioridad absoluta que en realidad no existe.

Así pues, la ignorancia es la primera línea de defensa del especista, aunque cualquiera puede superarla fácilmente si dispone de tiempo y está decidido a enterarse de la verdad. La ignorancia ha durado tanto sólo porque la gente no quiere enterarse de la verdad. «No me lo digas, me estropearás la comida», es la respuesta habitual ante un intento de decirle a alguien simplemente la manera en que fue producida aquella comida.

Cuando los no vegetarianos dicen que «los problemas humanos están primero», no puedo evitar preguntarme qué es exactamente lo que están haciendo por los humanos que les obliga a continuar apoyando la cruel e innecesaria explotación de los animales de granja.

Mi argumento no es que los animales sean capaces de actuar moralmente, sino que el principio moral de la misma consideración de los intereses se les puede aplicar a ellos tanto como a los humanos. Que a menudo es adecuado incluir dentro de la esfera de igual consideración a seres incapaces de hacer elecciones morales queda de manifiesto en el trato que les damos a los niños pequeños y a otros humanos que, por una razón u otra, carecen de capacidad mental para entender la naturaleza de la elección moral. Como podría haber dicho Bentham, la cuestión no es si pueden elegir, sino si pueden sufrir.


Se trata, pues, de una obra muy bien estructurada con argumentos difícilmente contestables, y prácticamente indispensable para saber lo que ocurre en los diferentes ámbitos en los que los animales no humanos son explotados y para ser conscientes de en qué consiste el especismo y asimilarlo cada vez más a nuestro vocabulario habitual.


Aquí tenéis los enlaces a otros libros animalistas tratados en este blog:








Aquí tenéis una serie de documentales animalistas imprescindibles:





Aquí tenéis también una serie de citas animalistas, reflexiones, vídeos cortos y noticias de interés:

La industria de la lana

50 errores fatales y desastres de la experimentación con animales 

STOP VIVISECTION 

Igualdad Animal publica imágenes inéditas de experimentos con animales en España

La India declara al toro animal protegido y prohíbe los festejos taurinos

California se une a la prohibición del foie gras

La tauromaquia recibe una estocada en Catalunya

La UE prohíbe definitivamente la experimentación en animales con fines cosméticos

La crueldad en las granjas porcinas del Reino Unido, al descubierto

Torturas generalizadas en granjas porcinas españolas

Granjas industriales en exactamente 60 segundos 

La vida de un cordero en 60 segundos

"La mirada circular", un corto para ponernos del otro lado. No más carne.

I am a vegan

Citas célebres en defensa de los derechos de los animales

Citas antitaurinas de Manuel Vicent

Frases antitaurinas

El raciocinio no es exclusivo de los humanos

Los no humanos también son personas

La cultura del especismo en Barcelona

Una mirada crítica al uso de animales en publicidad

Sollozos y ladridos: Así es el corredor de la muerte canino


Como veis, en muchos de los enlaces se muestra la sociedad especista aún vigente, pero algunas de las noticias tratan sobre grandes avances en la protección a los animales no humanos. Por eso es indispensable mantener cierto optimismo. Y recordad que el veganismo es toda una filosofía, el veganismo es ética, no comer ningún producto de origen animal no por ética sino por otras razones como la salud o el paladar y que no te importe su explotación en otros ámbitos, no es ser vegano. Pero de la misma manera, y algunos no estarán de acuerdo, tampoco creo que se trate de un purismo difícil de alcanzar porque nunca sabemos con certeza cuáles de nuestras acciones repercuten en la explotación a los demás, humanos o no, pero tampoco dejar de actuar en un ámbito porque veas que en otros se avanza menos. Alguien me dijo que ser activista no es dar dinero ya que eso es caridad, sino dejar a un lado tus privilegios y actuar dedicando más que tu tiempo libre. Es una aseveración que no entiendo, ya que tu tiempo es tu vida, si dedicas tu tiempo estás dedicando tu vida, y si participas en actos públicos estás dedicándole tiempo a la causa. Por otra parte, ¿y si el privilegio de alguien es tener mucho dinero y lo dona a asociaciones animalistas en lugar de gastárselo todo en caprichos? (cosa por otra parte muy humana y que no rechazo) ¿Y si el privilegio de alguien es tener mucho tiempo libre y dedica parte de él a actuar de cualquier manera en contra del especismo? ¿Y si el privilegio de alguien es ser hacker y boicotea granjas industriales, festejos taurinos o cacerías? Activista es el que actúa. Todos ellos actúan de alguna manera, ya que actuar no es solamente participar en actos públicos, y en ocasiones otras formas de actuar pueden conseguir más. Tengamos en cuenta también las circunstancias de cada individuo. No se trata de menospreciar la manera de actuar de otros, el activismo de otros. Unámonos todos.

GO VEGAN!!!!!!!
Ⓥ

miércoles, 7 de octubre de 2015

Henry S. Salt: "Los derechos de los animales"




Aunque ya existen libros incluso un siglo anteriores, "Los derechos de los animales" de Henry S. Salt, publicado por primera vez en 1892, fue un libro pionero en lo que a los derechos de los animales y al significado de este término se refiere. Tras una introducción de Jesús Mosterín y unas primeras palabras de Henry S. Salt donde ya se advierte que se trata de un término muy utilizado en las falacias y los juegos de palabras y que no trata esta obra de discusiones académicas y lingüísticas sino éticas, Salt deja clara la necesidad de contemplar el significado de derecho del mismo modo para humanos y para razas inferiores, término que no comparto pero bastante utilizado, aunque sea en menor grado, ya que las características de las que los humanos se vanaglorian también se encuentran en los demás animales aunque sea en ese menor grado. Se trata de un libro corto, de fácil lectura y dividido en cortos capítulos que de manera muy didáctica tratan de un ámbito diferente en el que los animales son torturados y sus derechos son vulnerados, aunque esto no evita desde luego que nos hallemos ante un libro muy profundo y que en el año en el fue publicado tuvo que resultar desde luego muy llamativo y pionero.

El libro se divide en los siguientes capítulos:

1.- El principio que reconoce los derechos de los animales: Todos entendemos como derechos vitales, primordiales, esenciales e inherentes a la existencia misma del individuo el derecho a la vida, a hacer con ella lo que uno quiera, a no ser torturado ni privado de libertad. El término libertad también ha sido muchas veces utilizado en juegos de palabras para ridiculizar a los que la defienden, ya que no se puede tolerar que alguien tenga la libertad de matar, por poner un ejemplo extremista, por lo que la libertad ha de ser restringida. Pero es que en la defensa de la libertad de todos los seres sintientes, la de todos, no la mía sobre la tuya, esa restricción va implícita, resultando una obviedad que cada uno ha de tener la libertad de hacer con SU vida lo que quiera, pero nunca nada con la de otros si ellos no quieren, y que debe ejercer su libertad sin dañar a nadie. Pues bien, teniendo en cuenta que, aunque sea en mayor o menor grado, todos los seres sintientes compartimos estos mismos intereses, también en mayor o menor grado hemos de disfrutar de la libertad de gozar de ellos, es decir, hemos de tener los mismos derechos, derechos que no se basan en que tú tengas una obligación, sino en que otro tiene una obligación respecto a ti, algo muy patente en el caso de los niños y los animales no humanos, tanto más cuanto más dependen de los humanos, algo que Jesús Mosterín ya aclara en la introducción. Ya Salt en este capítulo, muy ingeniosamente teniendo en cuenta el año en el que se escribió, habla de cómo los blancos pusieron el grito en el cielo cuando se reclamaron los derechos de los negros, como ocurrió en el caso de las mujeres, situación que comenzó a cambiar drásticamente y de manera rápida, dando una visión optimista también en lo que se refiere al estado de los animales no humanos. Hace hincapié también en el concepto de necesidad, ya que lo utilizamos para justificar prácticas que no son en realidad necesarias para el ser humano.

Si tenemos que matar, ya se trate de hombre o de animal, matemos y ya está; si hemos de infligir dolor, hagamos lo que es inevitable, sin hipocresía, sin evasivas, sin gazmoñería. Pero (en esto reside el punto cardinal), asegurémonos antes de que es necesario; No trafiquemos arbitrariamente con las innecesarias miserias de otros seres e intentemos luego acallar nuestra conciencia con una serie de excusas mal traídas que no resisten un solo momento de imparcial investigación.

2.- El caso de los animales domésticos: De manera acertada separa Salt los denominados animales domésticos de los salvajes. ¿Tenemos nosotros derecho a esclavizar a individuos de otras especies? Si ya está hecho y muchos animales han sido modificados hasta el punto de que hemos pasado a compartir de alguna manera el mismo entorno natural dependiendo siempre ellos de nosotros, ¿no tenemos acaso la obligación de respetar sus características naturales y proporcionarles el mayor bienestar posible como hacemos con los niños?

La vida normal de las «bestias de carga», el caballo, el asno y la mula, es de principio a fin una ruda negación de su individualidad y su inteligencia. Solemos dirigirnos a ellos y tratarlos como necios intrumentos de la voluntad y el placer humanos, en vez de como los seres sensibles y de elevada organización que son.

Aparte de los derechos universales que poseen en común con todos los seres inteligentes, los animales domésticos tienen un especial derecho a la cortesía y al sentido de equidad de los seres humanos por cuanto son no sólo sus criaturas compañeras, sino sus compañeros de trabajo. Están a su cargo y son, en muchos casos, miembros asociados a la familia y huéspedes de confianza en su hogar.

la esclavitud es odiosa e inicua en toda ocasión

3.- El caso de los animales salvajes: Así como los animales domésticos, aunque evidentemente no éticamente, son legalmente de nuestra propiedad, no ocurre lo mismo con los animales salvajes, por lo tanto, con mayor razón se hace patente de parte de quién está la barbarie cuando los arrancamos de su entorno natural, sea cual sea la razón. Ningún animal es per se una plaga, un alimento, un vestido o cualquier otra cosa. Es obvio que la defensa propia es totalmente legítima, pero eso no nos da derecho en ser los primeros en atacar si no hay ningún peligro patente en ningún ámbito.

Aprovechar los sufrimientos de los animales, salvajes o domesticados, para la satisfacción deportiva, la gula o la moda, resulta del todo incompatible con ninguna posible afirmación de los derechos de los animales.

Enjaular a un ave canora es otra práctica que merece la mayor reprobación.

Señalaré por último que, si deseamos cultivar una más estrecha intimidad con los animales salvajes, debe ser una intimidad que se base en el amor genuino por ellos en cuanto seres vivientes y criaturas compañeras, y no en el superior poder o astucia que nos permiten arrancarlos de su hábitat nativo, frustrar la entera finalidad de su vida y degradarlos para convertirlos en animales objeto, en curiosidades, en autómatas que nos ahorran trabajo.

4.- La matanza de animales como alimento: Todavía hoy en día este campo es el que más heridas hace sangrar entre los propios defensores de los derechos de los animales, y Salt, que este libro concreto no quería dedicarlo al vegetarianismo (para ello ya escribió otro libro ya que era vegetariano), no pudo aun así resistirse a dedicarle unas palabras para defender la total ausencia de dolor físico y psíquico en los animales que destinamos a nuestra dieta, aunque dejando claro que él ya intuía que este campo sería el más lento en cambiar, pero que estaba convencido de que finalmente lo haría.

La anatomía comparada ha demostrado que el hombre no es carnívoro, sino frugívoro, en su estructura natural, y la experiencia ha demostrado que la alimentación a base de carne es totalmente innecesaria para sustentar una vida saludable.

Hace cincuenta o cien años quizá existiera alguna excusa para suponer que el vegetarianismo era una simple manía. Pero no existe en la actualidad semejante excusa.

El argumento común, que adoptan muchos apologistas del consumo de carne, o de la caza del zorro, según el cual el dolor que se inflige al matar a los animales está más que compensado por el placer que han gozado durante su vida, ya que de otro modo no hubieran existido siquiera, es más ingenioso que convincente, ya que no es en rigor nada más que la vieja y conocida falacia que ya hemos comentado: el arbitrario truco de constituirnos nosotros en portavoces e intérpretes de nuestras víctimas.
(Y los siempre anclados en el pasado tauricidas siguen recurriendo en la actualidad a esta falacia...)

5.- Caza deportiva, o matarifes de afición: Lamentablemente, cuando un matarife de la industria cárnica se excede (ejem...) en su trabajo y es grabado torturando, maltratando y golpeando a un animal puede escudarse en que "es su trabajo", lo que no deja de ser de alguna manera legalmente cierto en ocasiones, aunque desde luego nunca éticamente. ¿Pero qué pasa cuando ciertas especies y razas de animales son criadas para que ataquen a otras para la mera diversión del humano que no va a comer en general a esos animales (o aunque lo haga ya bastante penoso es que exista la industria alimenticia como para que se añadan más víctimas inocentes innecesariamente) y que llega a maltratar y abandonar a los predadores que mostraban incluso amor por sus verdugos? Ya Salt se dió cuenta en el siglo XIX de que urgía legislar estas barbaries, y en ello seguimos, pero no me quiero imaginar cómo era todo cuando existía la, encima, distinguida caza del zorro, aunque la caza con galgos siga poniendo los pelos de punta.

Si es que los animales —o los seres humanos, si se quiere— han de ser sacrificados, pues sacrifíqueselos. Pero hallar diversión en la angustia mortal de otros seres es en verdad de una estupidez desoladora.

6.- Sombrerería asesina: Salt dedicó este capítulo concretamente a la sombrerería y no a la utilización de pieles en general, porque consideraba que la utilización del cuero natural iría disminuyendo con la disminución de la matanza de vacas y cerdos (cierto es que los veganos nos hemos multiplicado increíblemente desde el siglo XIX, pero no contempló que aunque la industria liberaría a muchos animales de servir para el trabajo como así ocurrió, Henry Ford desarrollaría la producción en cadena que se aplicaría en tantos ámbitos de la vida), mencionando además que la utilización de cueros artificiales se estaba extendiendo, y consideró que el caso de matar aves con el único fin de adornar las cabezas de las inglesas del XIX, embellecimiento que seguro que necesitaban pero que se convertía en afeamiento con el vertido de sangre, necesitaba un capítulo específico, por lo, a todas luces y se mirase por donde se mirase, innecesario de la práctica, práctica que no existiría si el producto no fuera demandado, siendo las verdaderas responsables las que utilizaban sombreros con plumas y no los que arrancaban esas plumas a las aves. Considero que hoy en día es igual, y que los que pagan son los que hacen que una práctica no desaparezca, aunque entonces no contaban con la industria publicitaria que tanto ha cambiado todo...

A la alimentación carnívora corresponde la orgullosa distinción de causar una mayor cantidad de sufrimiento que ninguna otra costumbre; a la caza deportiva, el mérito de una brutalidad única, sin parangón; mientras que la clientela de la sombrerería asesina proporciona el ejemplo más maravilloso de la capacidad de la mente humana para ignorar las responsabilidades personales.

7.- La tortura experimental: Existen muchos libros actuales a este respecto, escritos por científicos y destinados a abolir la experimentación animal, pero llama la atención que ya en el siglo XIX se apelara por el desarrollo de técnicas alternativas hoy bastante desarrolladas aunque intereses empresariales hagan que no continúen desarrollándose hasta dejar a la vivisección desfasada.

Nada que sea aborrecible, repugnante, intolerable a los instintos generales de la humanidad, es necesario. Es mil veces preferible que la ciencia renuncie a la cuestionable ventaja de ciertos descubrimientos problemáticos, o que los posponga, a que se atente incuestionablemente contra la conciencia moral de la comunidad creando confusión entre el bien y el mal. El atajo no siempre es el camino recto, y perpetrar una cruel injusticia contra los animales inferiores y tratar luego de excusarla sobre la base de que beneficiará a la posteridad, es un argumento tan inadecuado como inmoral. Puede que sea ingenioso (en el sentido de engañar al que no sabe), pero no es con certeza científico en ningún sentido verdadero.

Quienes trabajan para abolir la vivisección, o cualquier otro mal en particular, deberán hacerlo con el declarado propósito de tomar una de las plazas fuertes del enemigo, no porque crean que con ello habrá concluido la guerra, sino porque podrán hacer uso de la posición así ganada como un ventajoso punto de partida para un progreso todavía mayor.

8.- Líneas de reforma: ¿Cómo conseguir cambiar la mayoritaria idea de que hay un insalvable abismo entre humanos y animales, términos que casi parecen opuestos cuando los humanos somos una especie animal más? Principalmente, mediante dos vías. La educación, tanto de niños como de adultos, y la legislación, tan importante si se vive en una sociedad moderna (dejemos el posmodernismo para otra ocasión) para prohibir el mal, porque como se ha dicho al principio, cada individuo debe tener el derecho de hacer con su propia vida lo que quiera, pero nada por la fuerza con la de los demás.

La gran república del futuro no limitará al hombre su beneficiencia.

(...)se trata de aseverar que la razón nunca puede, por sí sola, dar lo mejor de sí; no puede ser nunca verdaderamente racional, excepto cuando se halla en perfecta armonía con los instintos y simpatías emocionales, profundamente asentados, que subyacen a todo pensamiento.

Muchos activistas actuales no se muestran tan optimistas como lo era Salt, pero como él recalca, no nos olvidemos de que la situación de los esclavos negros cambió de la noche a la mañana, la de las mujeres, según se vea, también lo hizo o lo está haciendo todavía pero rápidamente, lo mismo pasó con los niños trabajadores, y somos ya millones los que defendemos los derechos de los animales no humanos ya que ellos no lo pueden hacer por sí mismos. Dejemos a un lado la ecología y el mal inherente al ser humano que continuará creando guerras, y aferrémonos a un pensamiento optimista, indispensable para cambiar algo. Ya lo dijo Leigh Hunt: «Que el dolor y el mal existan no es regla para que cualquier idiota los agrande». El establecimiento de los derechos de los animales no humanos y la prohibición de su vulneración y el cada vez mayor castigo por cometerla es ya imparable.

lunes, 18 de mayo de 2015

"Ahora os puedo contemplar en paz, puesto que ya no os como más" (Franz Kafka)

Retrato realizado en Oiartzun, Gipuzkoa, este mes de mayo (Josu Sein)

"Ahora os puedo contemplar en paz, puesto que ya no os como más" (Franz Kafka)


Morrissey: "Meat is Murder" (subtitulada en castellano)




GO VEGAN!!!

Ⓥ 


miércoles, 1 de abril de 2015

Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas: Una introducción al carnismo


En este blog se ha hablado diversas veces de diferentes libros clave para la defensa de los derechos de todos los animales tratando diferentes ámbitos en los que se practica el especismo, como "Matanza de inocentes: Los animales en la investigación médica", "¿Por qué maltratamos tanto a los animales? Un modelo para la masacre de personas en los campos de exterminio nazis", "A favor de los toros" o "La misma libertad: Reflexiones sobre liberación animal y anarquía". Esta vez hablaré sobre el último boom animalista traducido a 9 idiomas, un libro espinoso al tratar únicamente del ámbito de la alimentación. Su autora, Melanie Joy, es profesora de psicología y de sociología en la Universidad de Massachusetts. No ha querido utilizar el término carnívoro porque define una necesidad biológica y ha optado por acuñar el término carnismo, que según ella define un sistema de creencias invisible al no habérsele dado nombre hasta ahora. Este sistema ha recurrido siempre a 3 mitos cada vez que ha visto en peligro su invisibilidad: comer carne es normal, natural y necesario, 3 conceptos que se han utilizado para justificar todo tipo de sistemas de explotación, incluidos los humanos. Son pseudoargumentos que utiliza mucha gente que defiende los derechos de todos los animales en otros ámbitos pero que no está dispuesta a intentar dejar de comer animales. Afortunadamente el veganismo se ha extendido y visibilizado por todo el mundo, por lo que ya no se ve a un vegano o vegetariano como alguien que se sale de la norma (algo positivo por otra parte pero que frena a muchos a la hora de actuar), el recurrir al pasado para naturalizar y justificar una acción del presente es fácilmente refutable, y disponemos de toda la información necesaria para saber cómo conseguir todos nuestros nutrientes esenciales sin tener que torturar ni matar a otro animal ni permitir que otros lo hagan por nosotros, disponiendo incluso de la información que demuestra científicamente la nocividad de una dieta carnívora u omnívora. Cuando esto ocurre, cuando la invisibilidad del sistema se encuentra en peligro, algo que es cada vez más habitual, el sistema necesita recurrir a determinadas tácticas para perpetuarse, consistentes en la cosificación (pretender que los humanos sientan a otras especies animales como cosas, es decir, seres inanimados, justamente el antónimo de animal), la desindividualización (intentar que los animales no humanos sean percibidos en abstracto, no como individuos sino como números que forman parte de una masa que no es más que mercancía) y la dicotomización (intentar que percibamos a los animales no humanos como categorías, básicamente como comestibles a las víctimas de la industria cárnica y como no comestibles a los que consideramos nuestras mascotas o incluso miembros de nuestra familia, aunque la base de que consideremos a unas especies como amigas y a otras como comida mientras que consideramos degenerados a otros países por practicar lo mismo pero a la inversa es exactamente la misma, el especismo, dicomotización que dicho sea de paso ya se practica entre los propios humanos que no encajan en modos de actuar propios de una sociedad que siente fobia por todo lo diferente). De esta manera se consigue que los matarifes se distancien de sus víctimas y pierdan en consecuencia toda identificación y empatía por las mismas. El libro da tanto cifras exactas de muertes de animales no humanos así como los métodos empleados por la industria, métodos que causan en sus víctimas estrés postraumático y conductas neuróticas y psicóticas (ya sabemos todos cómo terminan actuando los animales que se encuentran perpetuamente hacinados y las medidas que se toman para que no se agredan entre ellos, como el corte sin anestesia del pico de las gallinas, por poner un solo ejemplo entre tantos y tantos), pero no se queda ahí, sino que denuncia también la manipulación psicológica a la que han sido sometidos los matarifes para después ver en peligro su salud y su integridad física por el propio funcionamiento de la producción en cadena que es la industria cárnica con cortes, amputaciones, heridas oculares o fracturas. Se trata a todas luces de una ideología violenta que para su correcto funcionamiento incluso exige de sus participantes, especialmente de los matarifes, una conducta antisocial, con lo que Melanie Joy no se conforma con criticar el sistema por el daño que perpetra a animales no humanos, sino también por lo peligroso que resulta para nosotros mismos, física y psicológicamente.

Veamos cómo argumenta la propia Melanie Joy en diversos pasajes del libro todo lo dicho hasta ahora:

"El sistema dicta qué animales son comestibles y nos permite consumirlos porque evita que sintamos malestar emocional o psicológico al hacerlo. El sistema nos enseña a no sentir. La emoción más obvia que perdemos es la del asco, pero más allá del asco subyace otra emoción mucho más importante para nuestra identidad: la empatía."

"La anestesia emocional es adaptativa (beneficiosa) cuando nos ayuda a afrontar la violencia. Por el contrario, pasa a ser desadaptativa (destructiva) cuando se utiliza para permitir la violencia, incluso cuando dicha violencia ocurre en lugares tan lejanos como las fábricas en las que se convierte a los animales en comida."

"La historia de cómo la mierda se ha colado en nuestra carne es la historia de una de las características fundamentales del carnismo y de otras ideologías violentas: el sistema depende de un grupo de víctimas indirectas, de víctimas involuntarias que no solo sufren las consecuencias del sistema, sino que contribuyen al mismo y participan en su propia victimización sin ser conscientes de ello. El sistema crea estas víctimas haciéndose pasar por algo que no es para que nos sintamos seguros cuando, en realidad, estamos en peligro y nos creamos libres aunque, realmente, estamos siendo presionados. La historia de cómo la mierda se ha colado en nuestra comida es la historia de las víctimas humanas del carnismo."

"El camino de la norma es el de la mínima resistencia, es la ruta que tomamos cuando conectamos el piloto automático y ni siquiera nos damos cuenta de que estamos siguiendo una línea de acción que no hemos escogido conscientemente. La mayoría de las personas que comen carne no tienen la menor idea de que actúan en consonancia con los principios de un sistema que ha definido muchos de sus valores, preferencias y conductas. Lo que denominan «elecciones libres» son, en realidad, el resultado de un conjunto de opiniones muy limitado que otros han escogido por ellos."

"El ejercicio del libre albedrío es imposible si operamos desde el interior del sistema. El libre albedrío exige conciencia y nuestras pautas de pensamiento, omnipresentes y arraigadas, son inconscientes, escapan a nuestra conciencia y, por tanto, escapan a nuestro control. Mientras permanezcamos en el sistema, veremos el mundo a través de los ojos del carnismo. Y mientras miremos a través de ojos que no son los nuestros, seguiremos viviendo según una verdad que no es la que nosotros hemos elegido. Debemos salir del sistema para recuperar la empatía perdida y poder tomar decisiones que reflejen nuestros verdaderos pensamientos y emociones en lugar de lo que nos han enseñado a sentir y creer."

¿Queréis seguir comiendo animales innecesariamente tras saber, si es que lo aceptáis, que se trata de un lavado de cerebro? Porque tal y como concluye Melanie Joy, la neutralidad ética no existe.

Ya que esta actualización no es más que un pequeño resumen, recomiendo la lectura completa del libro, en el que además encontraréis multitud de asociaciones a las que recurrir en busca de ayuda, consejo e información.

GO VEGAN!!! Ⓥ

lunes, 8 de diciembre de 2014

Neil Gaiman: "Pasteles de bebé"


Hace unos años todos los animales se fueron.
    Nos despertamos una mañana y ya no estaban allí. Ni siquiera nos dejaron una nota o nos dijeron adiós. Nunca acabamos de entender adónde se habían ido.
    Los echábamos de menos.
    Algunos pensamos que el mundo se había acabado, pero no era así. Sencillamente, no había más animales. Ni gatos ni conejos, ni perros ni ballenas, ni peces en los mares, ni aves en los cielos.
    Estábamos completamente solos.
    No sabíamos qué hacer.
    Vagamos perdidos un tiempo y entonces alguien señaló que, sólo porque ya no había animales, no teníamos por qué cambiar nuestras vidas. No teníamos por qué cambiar nuestras dietas o dejar de poner a prueba productos que podrían hacernos daño.
    Después de todo, aún quedaban los bebés.
    Los bebés no saben hablar. Apenas se pueden mover. Un bebé no es una criatura racional y pensante.
    Hicimos bebés.
    Y los usamos.
    Algunos nos los comimos. La carne de bebé es tierna y suculenta.
    Los despellejamos y nos decoramos con su piel. El cuero de bebé es suave y cómodo.
    Con otros hicimos pruebas.
    Les sujetamos los ojos abiertos con cinta adhesiva y vertimos detergentes y champús dentro, de gota en gota.
    Los cubrimos de cicatrices y los escaldamos. Los quemamos. Los sujetamos con abrazaderas y colocamos electrodos en sus cerebros. Hicimos injertos y los congelamos e irradiamos.
    Los bebés respiraban nuestro humo y en sus venas corrían nuestras medicinas y drogas, hasta que dejaban de respirar o hasta que la sangre les dejaba de correr.
    Fue duro, desde luego, pero era necesario.
    Nadie podía negarlo.
    Si habían desaparecido los animales, ¿qué otra cosa podíamos hacer?
    Algunas personas se quejaron, por supuesto. Pero la verdad es que siempre lo hacen.
    Así que todo volvió a la normalidad.
    Pero...
    Ayer, todos los bebés habían desaparecido.
    No sabemos adónde se fueron. Ni siquiera los vimos marcharse.
    No sabemos qué vamos a hacer sin ellos.
    Pero ya se nos ocurrirá algo. Los seres humanos son listos. Es lo que nos hace superiores a los animales y a los bebés.
    Ya encontraremos una solución.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Arthur C.Clarke: "El alimento de los dioses"

Fotografía de Josu Sein. Un filete arrancado del lomo de un pobre cerdo maltratado y masacrado junto a un filete de seitán compuesto únicamente de harina de trigo y agua, tan protéico como el primero. ¿Tanto se nota la diferencia?

EL ALIMENTO DE LOS DIOSES (Arthur C. Clarke)
Es una mera cuestión de honradez, señor presidente, el advertirle que gran parte de mi testimonio va a ser sumamente desagradable; implica aspectos de la naturaleza humana que muy rara vez han sido discutidos en público, y menos ante una comisión del Congreso. Pero me temo que no tienen más remedio que afrontarlo; hay momentos en que debemos rasgar el velo de la hipocresía, y éste es uno de ellos.

Ustedes y yo, señores, descendemos de una larga estirpe de carnívoros. Veo por sus expresiones que muchos de ustedes desconocen el término. Bueno, no es de extrañar; pertenece a una lengua que cayó en desuso hace unos dos mil años. Tal vez sea mejor que nos dejemos de eufemismos y seamos brutalmente sinceros, aun cuando tenga que emplear expresiones que no se han oído jamás entre gente educada. Pido perdón de antemano a todo aquel a quien pueda ofender.

Hasta hace unos siglos, el alimento predilecto de casi todos los hombres había sido la carne: la carne de animales que se sacrificaban. No pretendo revolverles el estómago; es sencillamente la constatación de un hecho que pueden comprobar en cualquier manual de historia... Pues claro que sí, señor presidente. Estoy totalmente dispuesto a esperar a que el senador Irving se sienta mejor. Nosotros los profesionales olvidamos a veces las reacciones que pueden experimentar los profanos ante declaraciones de esta naturaleza. Al mismo tiempo debo advertir a la junta que lo que viene a continuación es mucho peor. Si alguno de los presentes es algo delicado, le sugiero que siga el ejemplo del senador, antes de que sea demasiado tarde...

Bueno, pues continúo. Hasta los tiempos modernos, todo el alimento estaba clasificado en dos categorías. La mayor parte se derivaba de las plantas: cereales, frutas, plancton, algas y otras formas de vegetación. Nos es difícil comprender que la inmensa mayoría de nuestros antepasados fueran granjeros y sacaran el alimento de la tierra o del mar mediante técnicas primitivas, a menudo muy penosas, pero ésa es la pura verdad. El segundo tipo de alimento, si se me permite volver sobre tan desagradable tema, era la carne, obtenida de un número relativamente pequeño de animales. Puede que sus nombres les resulten familiares: vacas, cerdos, ovejas, ballenas. La mayoría de la gente - lamento insistir en esto, pero el hecho está fuera de toda discusión - prefería la carne a cualquier otra clase de alimento, pese a que sólo los más ricos podían satisfacer este apetito. Para la mayor parte de la humanidad, la carne era un bocado exquisito, casi desconocido, en una dieta compuesta en más de un noventa por ciento de verduras. Si consideramos el hecho serenamente y de una manera desapasionada - como espero que el senador Irving está en disposición de hacer en este momento -, podemos ver que la carne se convirtió en algo raro y caro, pues su producción requiere un proceso extremadamente ineficaz. Para producir un kilo de carne, el animal en cuestión tenía que comer por lo menos diez kilos de alimento vegetal... alimento que muy frecuentemente podía haber consumido el hombre directamente. Al margen completamente de cualquier consideración estética, este estado de cosas no podía tolerarse después de la explotación demográfica del siglo XX. Todo hombre que comía carne condenaba a diez o más de sus semejantes a la inanición...

Felizmente para todos nosotros, la bioquímica ha resuelto el problema: como deben saber ustedes, la respuesta la dio uno de los innumerables productos accesorios de la investigación espacial. Todo alimento - animal o vegetal - es extraído a partir de un número muy reducido de elementos corrientes. Carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, trazas de azufre y de fósforo... Esta media docena de elementos, junto con algunos más, se combinan en una casi infinita variedad de maneras, componiendo todos los alimentos que el hombre ha utilizado y utilizará jamás. Al enfrentarse con el problema de la colonización de la Luna y los planetas, los bioquímicos del siglo XXI descubrieron el medio de obtener sintéticamente cualquier elemento deseado a partir de las materias primas fundamentales de agua, aire y roca. Fue quizás el logro más importante de la historia de la ciencia. Pero no debemos enorgullecernos demasiado de ello. El reino vegetal nos había superado ya en mil millones de años.

Los químicos podían ahora producir sintéticamente cualquier tipo de alimento imaginable, tuviera o no su correspondiente paralelo en la naturaleza. No hace falta decir que hubo errores... y hasta desastres. Se erigieron imperios industriales que luego se vinieron abajo; el cambio de la explotación agrícola y animal por gigantescas instalaciones de elaboración automática y los omniversores de hoy fue a menudo doloroso. Pero tenía que darse ese paso, y ahora estamos mejor por esa razón. Se ha eliminado para siempre el problema del hambre, y disfrutamos de una alimentación rica y variada como no se ha conocida en ninguna otra época. Además, naturalmente, se ha logrado una ventaja moral. Ya no sacrificamos millones de seres vivos, y aquellas repugnantes instituciones que eran los mataderos y las carnicerías han desaparecido de la faz de la Tierra. Nos parece increíble que nuestros antepasados, por toscos y brutales que fuesen, pudieran tolerar semejantes obscenidades. Y no obstante... es imposible romper totalmente con el pasado. Como he dicho ya, somos carnívoros; heredamos gustos y apetencias adquiridos a lo largo de un millón de años. Nos agrade o no, hace sólo unos años, algunos de nuestros bisabuelos disfrutaban comiendo carne de cordero y de carnero y de cerdo... cuando podían. Y nosotros aún disfrutamos hoy de ese placer... ¡Dios mío! Será mejor que el senador Irving espere fuera a partir de ahora. Creo que no he debido expresarme con tanta brusquedad.

Lo que quería decir, naturalmente, es que muchos de los alimentos sintéticos que actualmente consumimos tienen la misma fórmula que los antiguos productos naturales; algunos de ellos, efectivamente, son réplicas tan exactas que ninguna prueba química o de otro tipo podría encontrar la diferencia. Esta situación es lógica e inevitable; los fabricantes nos hemos limitado a tomar como modelos los alimentos presintéticos más populares, y reproducir su gusto y textura. Naturalmente, hemos creado también nombres nuevos que no sugieren origen anatómico o zoológico alguno, evitando así desagradables asociaciones. Cuando vamos a un restaurante, la mayoría de los nombres que encontramos en la carta han sido inventados a partir de principios del siglo XXI, o son adaptaciones de los nombres originales franceses, por lo que muy pocas personas podrían reconocerlos. Si alguna vez quieren ustedes averiguar cuáles son sus respectivos umbrales de tolerancia, pueden hacer un interesante, pero sumamente desagradable, experimento. La sección clasificada de la Biblioteca del Congreso posee un amplio repertorio de menús de restaurantes famosos - sí, y de los banquetes de la Casa Blanca -, registrados desde hace quinientos años hasta la fecha. Son de una franqueza cruda, disecadora, que los hace casi ilegibles. Creo que no hay nada que revele más vívidamente el abismo que se abre entre nosotros y nuestros antepasados de hace sólo unas cuantas generaciones... Sí, señor presidente... estoy llegando a la cuestión; todo esto está íntimamente relacionado con el motivo de mi alegato, por desagradable que parezca. No es mi intención estropearles el apetito; me limito a exponer el fundamento para el cargo que quiero presentar contra mis competidores, la Corporación Triplanetaria de Alimentación. De no entender este fundamento, podrían pensar que no es más que una queja trivial motivada por las graves pérdidas que ha soportado mi compañía desde que apareció en el mercado la Ambrosía Plus.

Todas las semanas, señores, se inventan nuevos alimentos. Aparecen y desaparecen como las modas femeninas, y sólo uno de cada mil viene a sumarse permanentemente al menú. Es extremadamente difícil acertar en el gusto del público de buenas a primeras, y reconozco sinceramente que la serie de platos Ambrosía Plus han obtenido el más grande éxito en toda la historia de la industria alimenticia. Todos ustedes conocen la situación: los demás platos han desaparecido del mercado. Como es natural, nos hemos visto obligados a aceptar el desafío. Los bioquímicos de mi organización son tan buenos como los de cualquier otra compañía del sistema solar; así que se pusieron a trabajar inmediatamente en la Ambrosía Plus. No les revelo ningún secreto industrial si les digo que tenemos análisis de casi todos los alimentos, naturales o sintéticos, que ha utilizado la humanidad, incluso de platos exóticos de los que ustedes no han oído hablar jamás, como calamares fritos, langostas con miel, lenguas de pavo real, polipodios venusianos... Nuestra vasta biblioteca de sabores y texturas es nuestra base fundamental, así como la de todas las sociedades del ramo. De ella podemos seleccionar y mezclar elementos para cualquier combinación imaginable; y normalmente podemos obtener un duplicado, sin grandes dificultades, de cualquier producto que saquen nuestros competidores. Pero la Ambrosía Plus nos ha tenido desorientados durante bastante tiempo. Su precipitado de proteína-grasa la clasificaba decididamente como una carne sin demasiadas complicaciones... y, sin embargo, no lográbamos reproducirla exactamente. Esa ha sido la primera vez que han fracasado mis químicos; ninguno de ellos podía explicar qué era lo que confería a la sustancia su extraordinario atractivo, el cual, como todos sabemos, hace que, en comparación, nos parezca insípido cualquier otro alimento. Y con razón... pero vayamos por partes.

En pocas palabras, señor presidente: el director de la Corporación Triplanetaria comparecerá ante usted... más bien de mala gana, estoy seguro. Le dirá que la Ambrosía Plus se compone de aire, agua, calcio, azufre y demás. Eso es completamente cierto, pero es lo menos importante de toda esta historia. Pues nosotros acabamos de descubrir su secreto... que, como la mayoría, es bien simple una vez conocido. Desde luego, debo felicitar a mi competidor. Por fin ha hecho aprovechables cantidades ilimitadas de lo que es, por la naturaleza de las cosas, el alimento ideal de la humanidad. Hasta ahora lo ha habido en proporciones extremadamente reducidas, y, por tanto, lo venían paladeando los pocos entendidos que podían obtenerlo. Todos ellos, sin excepción, han jurado que no existe nada que se le pueda comparar ni remotamente.

Sí; los químicos de la Triplanetaria han hecho un trabajo magnífico. Ahora, a ustedes les toca resolver las repercusiones morales y filosóficas. Al empezar mi alegato he utilizado el viejo término de carnívoros. Ahora debo darles a conocer otro que, dado que lo empleo por vez primera, convendrá que lo deletree: C-A-N-I-B-A-L-E-S... 

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Por el amor del Diablo, que la carne in vitro se comercialice de una vez... Por el bien de los humanos, del planeta y el medio-ambiente, de los perros y gatos que viven con nosotros, y sobre todo por el de los animales "de granja"...

domingo, 19 de enero de 2014

La misma libertad. Reflexiones sobre liberación animal y anarquía


"En resumen, animales no humanos y humanos pasamos por lo mismo: nacemos esclavos, producimos lo que beneficia al sistema durante lo que se considera nuestra vida útil, morimos unos y son asesinados otros."

Hace tiempo que aunque tengo muchas dudas a la hora de definirme políticamente, lo suelo hacer como anarquista, sistema del que me siento cada vez más cerca al margen de los intentos de tergiversación que ha sufrido, y es el que el concepto de "Estado" me produce cada vez más repugnancia. "Has leído demasiado a Burroughs", me dirán muchos, pero no me siento en la necesidad de tener que explicar que un Estado puede ser democrático o dictatorial, capitalista o comunista, monárquico o republicano, o de derechas o izquierdas, siendo todos ellos Estados. Un Estado implica muchas más cosas que la gente prefiere no ver, desde el poder de la burocracia hasta la pertenencia como mero número a una patria que no se escoge. Pero lo que quisiera en este momento es dar a conocer este fanzine realizado por la Asamblea Antiespecista de Madrid en el año 2010 en el quedan patentes las relaciones existentes entre el pensamiento anarquista y el animalista desde el momento en el que se rechaza que la función de un individuo sea la de producir para un grupo a costa de los propios individuos y de su diversidad e intereses y derechos. En el siguiente enlace se puede descargar.

GO VEGAN!!! Ⓥ