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martes, 24 de febrero de 2015

Citas de novelas de Neil Gaiman

Fotografías de Kelli Bickman

Al contrario que William Burroughs y J.G. Ballard, Neil Gaiman tiene aún mucho por decir. Como le ocurría a Michael Ende, la categoría de "fantasía", así como la de relatos "para niños" o "para adultos", se le queda corta. Pocos escritores hay con mentes tan privilegiadas, y espero que siga viviendo y escribiendo por mucho tiempo. Me alegro enormemente de que sea valorado en vida, como no les ha pasado a tantos y tantos, ya que en tal caso, ¿de qué le sirve al artista?

Aquí van diversas citas de novelas publicadas hasta el momento presente.

"No quiero que penséis que fui un niño maltratado. Aunque.. Tampoco quiero pasar por alto los hechos. Sin hechos, ¿adónde vamos?" (de "Violent Cases", novela gráfica ilustrada por Dave McKean)

"En los sueños sólo encontramos preguntas. Y las respuestas caen al azar, como cartas o dados." (de "Orquídea Negra", novela gráfica ilustrada por Dave McKean)

"Me pregunto quién construyó el primer muro. ¿Qué tenía en mente? Él o ella. ¿Protección? ¿Intimidad? ¿U otra cosa? Levantamos nuestras civilizaciones con muros, dándonos cobijo y fortaleza. Manteniendo fuera a «los otros»: los elementos, las bestias salvajes, la gente que es distinta. Los muros nos definen, igual que nos dividen. Los muros separan personas: y no sólo los muros que construimos. Tal vez los muros a los que más tenemos que temer son los que no podemos ver, en los que sencillamente creemos." (de "Fronteras", texto ilustrado por Dave McKean icluido en la novela gráfica "Señal y Ruido")

"No hay ningún gran apocalipsis. Sólo una interminable procesión de pequeños." (de "Señal y Ruido", novela gráfica ilustrada por Dave Mc Kean)

"Tropezamos, pero no caemos, y nos levantamos y seguimos caminando, caminando por una carretera que está hecha con los cuerpos y los sueños de los que han pasado antes que nosotros." (de "Señal y Ruido", novela gráfica ilustrada por Dave McKean)

"El camino del recuerdo no es ni derecho ni seguro, y lo seguimos por nuestra cuenta y riesgo." (de "La trágica comedia o comedia trágica de Mr. Punch", novela gráfica ilustrada por Dave McKean)

"Por eso los pactos con el Diablo se firman con sangre. Si firmas tu nombre con sangre, es tu verdadero nombre. No puedes cambiarlo." (de "La trágica comedia o comedia trágica de Mr. Punch", novela gráfica ilustrada por Dave McKean)

"Entonces abandoné el cementerio, y seguí viviendo mi vida." (de "La trágica comedia o comedia trágica de Mr. Punch", novela gráfica ilustrada por Dave McKean)

"Para comprender el estado de la humanidad puede que baste con saber que la mayoría de los grandes triunfos y grandes catátrofes de la historia no se deben a que las personas sean buenas o malas en esencia, sino que las personas son en esencia personas." (de "Buenos presagios", novela escrita junto a Terry Pratchett)

"A los que Crowley no podía soportar era a esos que se llamaban a sí mismos satánicos. No sólo por lo que hacían, sino por la manía que tenían de achacárselo todo al infierno. Se les ocurría alguna idea vomitiva que no se le pasaría a un demonio por la cabeza ni en un millón de años, alguna atrocidad oscura y descerebrada que sólo una mente humana hecha y derecha podría concebir y luego gritaban: «El Diablo me empujó a hacerlo», y se quedaban con los jueces cuando lo cierto es que el Diablo nunca empujaba a nadie a nada. No le hacía falta." (de "Buenos presagios", novela escrita junto a Terry Pratchett)

"Era en la mente humana donde se hallaba la verdadera fuente de la bondad verdadera y de la verdadera maldad de infarto." (de "Buenos presagios", novela escrita junto a Terry Pratchett)

"Pues no sé para qué tenéis que crear a las personas como personas para que luego os enfadéis porque actúan como personas —le espetó Adán con severidad—. Y además, si pararais de decirle a todo el mundo que todo se arreglará cuando se mueran, a lo mejor intentan arreglarlo todo mientras están vivos." (de "Buenos presagios", novela escrita junto a Terry Pratchett)

"No sé qué importa lo que esté escrito. No creo que importe si se trata de personas. Se tacha y ya está." (de "Buenos presagios", novela escrita junto a Terry Pratchett)

"Richard había observado que los acontecimientos eran unos cobardes: no sucedían de uno en uno, sino que llegaban en manadas y se abalanzaban sobre él todos a la vez." (de "Neverwhere")

"...la realidad giró..." (de "Neverwhere")

"Hay dos Londres. Está el Londres de arriba, ahí es donde vivías, y luego está el Londres de Abajo, el Lado Subterráneo, habitado por personas que cayeron por las grietas del mundo." (de "Neverwhere")

"Había estatuas de ángeles en pedestales diminutos. Había cuadros de ángeles en las paredes. Había frescos de ángeles. Había ángeles enormes y otros diminutos, ángeles tiesos y otros afables, ángeles con aureolas y alas y ángeles sin ninguna de las dos cosas, ángeles guerreros y también pacíficos. Había ángeles modernos y los había clásicos. Cientos y cientos de ángeles de todos los tamaños y formas. Ángeles occidentales, de Oriente Medio, del Este. Ángeles de Miguel Ángel, ángeles de Joel-Peter Witkin, ángeles de Picasso, ángeles de Warhol." (de "Neverwhere")

"Todas las cosas quieren abrirse." (de "Neverwhere")

"Así que el día se convirtió en uno de espera, que era, lo sabía, un pecado: los momentos había que vivirlos; esperar era un pecado tanto contra el tiempo que aún estaba por venir como por los momentos que uno ignoraba en el presente." (de "Neverwhere")

"Pensé que quería esto. Una vida agradable y normal. Quizá estoy loco. Sí, quizá lo estoy. Pero si esto es todo lo que hay, entonces no quiero estar cuerdo." (de "Neverwhere")

"era indiscutible que la zorra estaba enamorada del joven monje." (de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano)

"No era miedo a la muerte, ya que en su corazón sospechaba que la muerte podía ser una escapatoria frente al miedo." (de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano)
  
"El miedo era lo que lo movía y el miedo fue lo que lo empujó  hacia la oscuridad." (de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano)

"Una cosa era rezar; otra rezar a entidades que no solo podían estar escuchándote, sino que salían a buscarte al camino y te golpeaban la cabeza con un palo si decías algo que las ofendía." (de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano)

"—¿Me llevarás hasta el Rey de los Sueños? —preguntó el monje.
—No intentarías interrogar a un poema, ni a una hoja caída, ni a la neblina de la cumbre de una montaña —dijo el cuervo—. ¿Por qué, entonces, me interrogas a mí?"
(de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano) 

"Antiguamente fui poeta y, como todos los poetas, pasé demasiado tiempo en el Reino de los Sueños." (de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano) 

"Pero los sueños son una cosa extraña y ninguno de nosotros excepto el Rey de los Sueños de Todas las Noches puede decir si son ciertos o no, ni si son capaces de hablarnos de tiempos venideros." (de "Sandman: Cazadores de Sueños", novela gráfica ilustrada por Yoshitaka Amano)   

"Era dolorosamente tímido, cosa que, como hace la gente dolorosamente tímida, compensaba en exceso siendo demasiado escandaloso en los momentos equivocados." (de "Stardust")

"Porque todo amante tiene corazón de loco y cabeza de juglar." (de "Stardust")

"Dile que hemos reprogramado la realidad, joder. Dile que el lenguaje es un virus y que la religión es un sistema operativo y que las oraciones no son más que correo electrónico no deseado." (de "American Gods")

"Una historia es una buena manera de llegar a la gente." (de "American Gods")

"Así que recordad todos: sólo porque seáis pequeños, no significa que no tengáis poder." (de "American Gods")

"Los blancos tienen dioses cabrones" (de "American Gods")

"Colón hizo lo que mucha gente había estado haciendo durante miles de años." (de "American Gods")

"—Ese chico era un hijo de virgen con suerte.
—¿Jesucristo?
—Un tipo afortunado. Podía caer en un agujero de mierda y salía oliendo a rosas. ¡Joder! Y ni siquiera es su cumpleaños. ¿Lo sabías? Se lo quitó a Mitra. ¿Has conocido ya a Mitra? Gorra roja. Un chaval majo." (de "American Gods")
 
"Si la verdad no es lo suficientemente grande, se escribe la leyenda." (de "American Gods")

"Creo en un dios personal que me cuida y se preocupa y supervisa todo lo que hago. Creo en un dios impersonal que puso el universo en marcha, después se fue de juerga con sus novias y ni siquiera sabe que existo. Creo en un universo ateo creado al azar, como ruido de fondo y por pura casualidad." (de "American Gods")

"¿Qué senda deseas tomar, la de las verdades dolorosas o la de las mentiras piadosas?" (de "American Gods")

"Es lo que la gente hace. Creen. Y no se responsabilizan de sus creencias; conjuran cosas en cuyas conjuraciones no creen." (de "American Gods")

"Es como uno de esos sueños que te cambian la vida. Guardas algo del sueño siempre, y sabes cosas que se quedan muy dentro de ti, porque te pasó, pero cuando empiezas a pensar en los detalles, se te escapan." (de "American Gods")

"Vosotros las personas tenéis nombres porque no sabéis quiénes sois. Nosotros sabemos quiénes somos, por eso no necesitamos nombres." (de "Coraline")

"Cuando haces algo a pesar del miedo que sientes necesitas tener mucho valor." (de "Coraline")

"—¿Cómo voy a saber que mantendrás tu palabra? —le preguntó la niña.
—Lo juro. Lo juro sobre la tumba de mi madre. 
—¿Tiene tumba?
—Claro que sí. Yo misma la puse allí, y cuando intentó escabullirse, la volví a enterrar." (de "Coraline")

"La otra madre no podía crear: sólo podía transformar, retorcer y cambiar." (de "Coraline")

"Los cuentos son como las arañas, tienen largas patas, y como las telarañas, que enredan a los hombres pero resultan preciosas cuando las ves bajo una hoja en el rocío de la mañana, y, del mismo modo que los hilos de una telaraña, están todos conectados uno a otro." (de "Los hijos de Anansi")

"Todas y cada una de las personas que han habitado, habitan o habitarán en este planeta tienen su propia canción. No es una canción escrita por otra persona. Es una canción con su propia melodía y su propia letra. Son pocos  los que llegan a cantar su propia canción. La mayoría tememos que nuestra voz no le haga justicia, o que nuestras palabras sean demasiado tontas, o demasiado honestas, o demasiado raras. Así que la gente acaba viviendo las canciones de los demás en lugar de cantar la suya propia." (de "Los hijos de Anansi")

"La gente responde a los cuentos. Se los cuentan a sí mismos. Los cuentos se propagan a través de la gente que los cuenta, los cuentos cambian a quienes los cuenta." (de "Los hijos de Anansi")

"Haz frente a tu vida,
habrá dolor y también alegría,
no dejes de explorar todos los caminos." (de "El libro del cementerio")

"Entre el presente y el futuro estaba la vida." (de "El libro del cementerio")

"La única ventaja que tenemos los de InterMundo sobre el resto es que podemos llegar a cualquier lado antes que nadie. Lo que a ellos les lleva horas, días o semanas de viaje por el Estático o el Noquier, nosotros podemos recorrerlo en segundos o minutos a través del Entremedias." (de "InterWorld", novela escrita junto a Michael Reaves)

"De modo que, según las instrucciones de Ciudad Base, el universo sólo genera mundos repetidos cuando se toman decisiones importantes." (de "InterWorld", novela escrita junto a Michael Reaves)

"Y a algunos hombres les queda bien la barba. —Al ver mi mirada inquisitiva, me aclaró—: Para no tener que verse en el espejo cuando se afeitan." (de "InterWorld", novela escrita junto a Michael Reaves)

"A veces los recuerdos de la infancia quedan cubiertos u oscurecidos por las cosas que sucedieron después, como juguetes olvidados en el fondo del armario de un adulto, pero nunca se borran del todo." (de "El océano al final del camino")

"Los recuerdos se asomaban por el borde de las cosas, y me hacían señas." (de "El océano al final del camino")

"Me encantaba leer. Me sentía más seguro en compañía de un libro que de otras personas." (de "El océano al final del camino")

"No fui un niño feliz, aunque en ocasiones estaba contento. Vivía en los libros más que en cualquier otra parte." (de "El océano al final del camino")

"Me encantaban los mitos. No eran historias para adultos ni tampoco para niños. Eran mucho mejor que eso. Simplemente «eran»." (de "El océano al final del camino")

"Los adultos siguen caminos. Los niños exploran." (de "El océano al final del camino")

"No podía dormir. Mi hermana se había dormido ya. Por lo visto podía dormirse a voluntad, un don del que yo carecía y por el cual la envidiaba." (de "El océano al final del camino")

"Sabía lo que era Huevo —donde comenzó el universo, con el canto de unas voces no creadas que cantaban en el vacío— y sabía dónde estaba Rosa —el peculiar pliegue del espacio sobre el espacio que daba lugar a diversas dimensiones que se plegaban como figuras de origami y florecían como extrañas orquídeas, y que marcaría la última época buena antes de que se acabara todo y llegara el siguiente Big Bang, que sería, ahora lo sabía, completamente distinto—." (de "El océano al final del camino")

"Un relato sólo importa, sospecho, en la medida en que los sucesos que narra cambian a sus protagonistas." (de "El océano al final del camino")

"Cada cual recuerda las cosas de una manera; nunca encontrarás a dos personas que recuerden exactamente lo mismo, fueran testigos de ello o no." (de "El océano al final del camino")

"Según mis cálculos, si juntas dos objetos que son el mismo en distintas épocas, pueden suceder dos cosas. O bien el universo dejará de existir, o bien aparecerán tres enanos bailando por las calles con una maceta en la cabeza. (de "El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre", cuento infantil ilustrado por Scottie Young)

"Según los enanos, lo que hace de un regalo algo mágico es la distancia." (de "La joven durmiente y el huso", novela corta ilustrada por Chris Riddell)

"La reina sintió que algo se revolvía en su corazón. Entonces se acordó de su madrastra. Ella también se complacía en la adoración ajena. A la reina le había costado aprender a ser fuerte, a sentir sus propias emociones y no las de otra persona; pero quien aprende esa lección ya nunca la olvida. Y ella no deseaba gobernar continentes." (de "La joven durmiente y el huso", novela corta ilustrada por Chris Riddell) 

"—Y aunque hayáis tenido que retrasar vuestra boda, podréis casaros enseguida y vuestro pueblo lo celebrará y el júbilo se propagará por toso el reino.
—Sí —dijo la reina.
Sin añadir palabra alguna, se sentó bajo un roble a saborear aquella quietud, latido a latido.

«Se puede elegir —pensó, tras un buen rato allí sentada—. Siempre se puede elegir.»
Y en ese instante eligió." (de "La joven durmiente y el huso", novela corta ilustrada por Chris Riddell)

 

Disponéis también en este blog de dos de sus relatos cortos, "Pasteles de bebé" y "Cambios".


www.neilgaiman.com

domingo, 25 de enero de 2015

"Cambios" (relato de Neil Gaiman)

Fotografía de Txema Yeste (© Txema Yeste, 2002)
Modelo: Yo mismo

Autorretrato del año 2002

Autorretrato del año 2014




CAMBIOS


I.

Más tarde, señalarían la muerte de su hermana, el cáncer que se comió su vida de doce años, con tumores del tamaño de huevos de pato en el cerebro, y él un niño de siete años, mocoso y con el pelo cortado al uno, viendo con ojos marrones muy abiertos cómo ella se moría en un hospital blanco, y dirían, "Eso fue el principio de todo", y quizá lo fue.
    En Recarga (dir. Robert Zemeckis, 2018), la película biográfica, dan un salto atrás a su adolescencia y él está viendo a su profesor de ciencia morirse de SIDA y siguiendo una discusión sobre la disección de una rana grande de estómago pálido.
    —¿Por qué hemos de desmembrarla? —dice el joven Rajit, mientras la música sube—. ¿No deberíamos darle vida? —Su profesor, representado por el difunto James Earl Jones, parece avergonzado y después inspirado, y alza la mano desde la cama del hospital hasta el hombro huesudo del niño. "Bueno, si alguien puede hacerlo, Rajit, ése eres tú", dice en un murmullo de bajo profundo.
    El niño asiente con la cabeza y nos mira fijamente con una entrega en los ojos que raya en el fanatismo.
    Esto nunca ocurrió. 


II.

Es un día gris de noviembre y ahora Rajit es un hombre de cuarenta y tantos años, alto y con gafas de montura oscura, que en estos momentos no lleva puestas. La falta de gafas resalta su desnudez. Está sentado en la bañera mientras el agua se enfría, practicando la conclusión de su discurso. Camina un poco encorvado en la vida diaria, aunque ahora no lo está, y considera sus palabras antes de hablar. No es muy buen orador.
    El apartamento de Brooklyn, que comparte con otro investigador científico y un bibliotecario, hoy está vacío. Se le ha encogido y arrugado el pene en el agua tibia. "Lo que esto significa", dice en voz alta y despacio, "es que hemos ganado la guerra contra el cáncer".
    Entonces hace una pausa, acepta una pregunta de un periodista imaginario que está en el otro lado del cuarto de baño.
    —¿Efectos secundarios? —se responde en una voz resonante de cuarto de baño—. Sí, hay algunos efectos secundarios. Pero, por lo que hemos podido determinar, no se trata de nada que cree cambios irreparables.
    Sale de la bañera de porcelana desconchada y camina, desnudo, hasta la taza del váter, donde vomita mucho, el miedo a salir a escena atravesándole como un cuchillo para destripar. Cuando ya no le queda nada que vomitar y las náuseas secas han pasado, Rajit se enjuaga la boca con Listerine, se viste y coge el metro hasta el centro de Manhattan.


III.

Es, como señalará la revista Time, un descubrimiento que "revolucionaría la naturaleza de la medicina de forma absolutamente tan radical e importante como el descubrimiento de la penicilina".
    —¿Y si —dice Jeff Goldblum, en el papel del Rajit adulto en la película biográfica—, y si se pudiera recomponer el código genético del cuerpo? Hay tantas enfermedades que surgen porque el cuerpo ha olvidado lo que debería estar haciendo. El código está revuelto. El programa se ha corrompido. ¿Y si... y si se pudiera arreglar?
    —Estás loco —replica su novia preciosa y rubia, en la película. En la vida real no tiene novia; en la vida real la vida sexual de Rajit es una serie irregular de transacciones comerciales entre Rajit y los jóvenes de la agencia de Acompañantes AAA-Ajax.
    —Mira —dice Jeff Goldblum, expresándolo mejor de lo que Rajit lo expresó jamás—, es como un ordenador. En vez de intentar arreglar los problemas técnicos provocados por un programa corrupto uno a uno, síntoma a síntoma, basta con reinstalar el programa. Toda la información está allí desde el primer momento. Sólo tenemos que decirle a nuestros cuerpos que vuelvan a comprobar el ARN y el ADN, que vuelvan a leer el programa, si quieres. Y, luego, que lo vuelvan a cargar.
    La actriz rubia sonríe y detiene sus palabras con un beso, divertida e impresionada y apasionada.


IV.

La mujer tiene cáncer de bazo y de ganglios linfáticos y de abdomen: linfoma no hodgkiniano. Además, tiene neumonía. Ha aceptado la petición de Rajit de utilizar un tratamiento experimental con ella. También sabe que asegurar que uno puede curar el cáncer es ilegal en América. Era una mujer gorda hasta hace poco, pero ha perdido peso y a Rajit le recuerda a un muñeco de nieve al sol: cada día se deshace, cada día está, le parece a él, menos definida.
    —No es una droga en el sentido que usted se figura —le dice a la mujer—, es un conjunto de instrucciones químicas —ella parece perpleja. Rajit le inyecta dos ampollas de un líquido transparente en las venas.
    Pronto está dormida.
    Cuando se despierta, se ha librado del cáncer. La neumonía la mata poco después.
    Rajit ha pasado los dos días previos a la muerte de la mujer preguntándose cómo explicará el hecho de que, tal como demuestra la autopsia sin ninguna duda, la paciente ahora tiene un pene y es, en todo sentido, tanto por sus funciones como por sus cromosomas, varón.


V.

Han pasado veinte años y estamos en un apartamento diminuto en Nueva Orleans (aunque también podría ser Moscú o Manchester o París o Berlín). Esta noche va a ser la gran noche y Juan/a estará despampanante.
    Tiene que elegir entre un vestido de salón francés del siglo XVIII estilo miriñaque para polonesas (polisón de fibra de vidrio, escote con estructura interior de alambre en corpiño carmesí bordado con encaje), o una reproducción del traje de salón de Sir Phillip Sydney, de terciopelo negro e hilo de plata, con gorguera y bragueta y todo. Al final, después de sopesar las opciones, Juan/a se decide por escote frente a polla. Quedan doce horas: Juan/a abre la botella de las pastillas rojas, cada pastillita roja marcada con una X, y se traga dos. Son las 10 de la mañana y Juan/a se va a la cama, empieza a masturbarse, tiene el pene semiduro, pero se duerme antes de correrse.
    La habitación es muy pequeña. Hay ropa colgando de todas las superficies y una caja de pizza vacía en el suelo. Juan/a suele roncar fuerte, pero cuando hace una carga libre no hace ningún ruido en absoluto y podría estar en una especie de coma.
    Juan/a se despierta a las 10 de la noche, sintiéndose tierna y como nueva. Cuando empezó con la movida de las fiestas, cada cambio provocaba un auto-examen riguroso, en el que inspeccionaba lunares y pezones, prepucio o clítoris, y descubría qué cicatrices habían desaparecido y cuáles se habían quedado. Sin embargo, Juan/a es ahora un veterano y se pone el polisón, las enaguas, el corpiño y el vestido, con los pechos nuevos (altos y cónicos) muy juntos y las enaguas arrastrando por el suelo, lo que significa que puede ponerse debajo las botas de Doctor Martens de hace cuarenta años (nunca se sabe cuándo habrá que correr o andar o dar patadas y las zapatillas de seda no le hacen ningún favor a nadie).
    Una peluca alta y empolvada completa la imagen. Y unas gotas de colonia. Entonces Juan/a hurga bajo las enaguas, se mete un dedo entre las piernas (no lleva bragas, reivindicando un deseo de autenticidad que las Doc Martens desmienten) y luego se da unos toques detrás de las orejas, para que le den suerte, quizá, o para ayudarle a ligar. El taxi llama a la puerta a las 11:05 y Juan/a baja y va al baile.
    Mañana por la noche Juan/a se tomará otra dosis; su identidad laboral durante la semana es estrictamente varón.


VI.

Rajit nunca vio la acción de transformación de sexo de la Recarga como algo más que un efecto secundario. El premio nobel fue por el trabajo contra el cáncer (se descubrió que la recarga funcionaba para la mayoría de los cánceres, pero no para todos).
    Para ser un hombre inteligente, Rajit era sorprendentemente corto de miras. Había algunas cosas que no había previsto. Por ejemplo:
    Que habría gente que, muriéndose de cáncer, preferirían morir a experimentar un cambio de sexo.
    Que la iglesia católica se declararía en contra del catalizador químico de Rajit, comercializado en esos momentos con el nombre de marca de Recarga, principalmente porque el cambio de sexo hacía que un cuerpo de mujer reabsorbiera la carne de un feto cuando se recargaba: los varones no podían estar embarazados. Unas cuantas sectas religiosas más se declararían en contra de Recarga, la mayoría de ellas citando el Génesis, 1:27, "y los creó macho y hembra", como motivo.
    Las sectas que se declararon en contra de la recarga incluían: el islamismo, la ciencia cristiana, la iglesia ortodoxa rusa, la iglesia católica romana (con un número de voces discrepantes), la iglesia de la unificación, los trekkies ortodoxos, el judaísmo ortodoxo y la alianza fundamentalista de los E.E.U.U.
    Entre las sectas que se declararon a favor del uso de la Recarga cuando un médico titulado lo consideraba el tratamiento apropiado se incluían la mayoría de los budistas, la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, la iglesia ortodoxa griega, la iglesia de la cienciología, la iglesia anglicana (con un número de voces discrepantes), los nuevos trekkies, el judaísmo liberal y reformista y la coalición de la nueva era de América.
    Las sectas que al principio se declararon a favor de utilizar la Recarga de forma recreativa: ninguna.
    Aunque Rajit se daba cuenta de que la Recarga haría que la operación de cambio de sexo resultara obsoleta, nunca se le ocurrió que alguien quisiera tomarlo por razones de deseo o curiosidad o evasión. Por lo tanto, nunca previó el mercado negro de Recarga y catalizadores químicos similares; ni tampoco que, a los quince años de la puesta en venta de Recarga y de la aprobación de la FDA, las ventas ilegales de las imitaciones de Recarga de diseño (carga pirata, como se las conoció pronto) venderían, gramo a gramo, más de diez veces que la heroína y la cocaína.


VII.

En varios de los Nuevos Estados Comunistas de Europa del Este la posesión de cargas pirata traía aparejada la pena de muerte.
    Se denunció que en Tailandia y Mongolia se estaba obligando a recargar a los chicos en chicas para aumentar su valor como prostitutas.
    En China las niñas recién nacidas se recargaban en niños: las familias ahorraban todo lo que tenían por una única dosis. Los ancianos se morían de cáncer igual que antes. La crisis de la tasa de natalidad subsiguiente no se consideró como un problema hasta que fue demasiado tarde, las soluciones drásticas que se propusieron resultaron difíciles de ejecutar y condujeron, a su modo, a la revolución final.
    Amnistía Internacional denunció que en varios de los países panárabes estaban encarcelando y, en muchos casos, violando y asesinando, a los hombres que no podían demostrar fácilmente que habían nacido varones y que no eran, en realidad, mujeres que huían del velo. La mayoría de los líderes árabes negaron que ninguno de esos fenómenos estuviera ocurriendo o hubiera ocurrido jamás.



VIII.

Rajit tiene sesenta y tantos años cuando lee en The New Yorker que la palabra cambio está adquiriendo connotaciones de indecencia profunda y de tabú.
    Los colegiales se ríen avergonzados cuando se encuentran frases como "Necesitaba un cambio" u "Hora de cambiar" o "Los vientos del cambio" en sus estudios de literatura de antes del siglo XXI. En una clase de inglés en Norwich risitas obscenas y horrorizadas reciben a un chico de catorce años que descubre la frase "Con un cambio se renuevan las energías".
    Un representante de la King's English Society escribe una carta a The Times, en la que lamenta la pérdida para la lengua inglesa de otra palabra totalmente aceptable.
    Varios años después procesan de modo satisfactorio a un joven de Streatham por llevar en público una camiseta con el lema ¡HE CAMBIADO! impreso con toda claridad.


IX.

Jackie trabaja en Blossoms, un club nocturno de Hollywood Oeste. Hay docenas, si no cientos, de Jackies en Los Ángeles, miles por todo el país, cientos de miles por todo el mundo.
    Algunos de ellos trabajan para el gobierno, otros para organizaciones religiosas o para empresas. En Nueva York, Londres y Los Ángeles, la gente como Jackie está en la puerta de locales muy exclusivos.
    Lo que hace Jackie es observar a la gente que va entrando y pensar, Nacido V ahora M, nacida M ahora V, nacido V ahora V, nacido V ahora M, nacida M ahora M...
    En "Noches Naturales" (es decir: sin cambios) Jackie repite, «Lo siento, esta noche no puede entrar» muchas veces. La gente como Jackie tiene un acierto del 97 por ciento. Un artículo del Scientific American sugiere que la capacidad para el reconocimiento del sexo de nacimiento podría ser de herencia genética: Una habilidad que siempre existió pero que no tuvo ningún valor estricto de supervivencia hasta ahora.
    A Jackie le tienden una emboscada en las primeras horas de la madrugada, después del trabajo, al fondo del aparcamiento del Blossoms. Y Jackie, cada vez que otra bota le patea la cara y el pecho y la cabeza y la entrepierna, piensa, Nacido V ahora M, nacida M ahora M, nacida M ahora V, nacido V ahora V...
    Cuando Jackie sale del hospital, visión sólo en un ojo, la cara y el pecho un único cardenal inmenso y verde violáceo, recibe un mensaje, enviado con un ramo enorme de flores exóticas, que dice que su puesto de trabajo sigue vacante.
    No obstante, Jackie coge el tren bala a Chicago y, de ahí, coge el tren de escala a Kansas City y se queda allá, trabajando como pintor y electricista, profesiones para las que Jackie se había entrenado hace mucho tiempo, y no regresa.


X.

Rajit tiene ahora setenta y tantos años. Vive en Río de Janeiro. Es lo bastante rico como para satisfacer cualquier capricho; sin embargo, ya no quiere practicar el sexo con nadie. Observa a todo el mundo con recelo desde la ventana de su apartamento, mientras mira fijamente los cuerpos bronceados en la playa de Copacabana, y duda.
    La opinión que tiene de él la gente que está en la playa es igual al agradecimiento que sentiría hacia Alexander Fleming un adolescente con clamidia. La mayoría se imagina que Rajit ya debe de estar muerto. A todos les da igual.
    Se ha sugerido que ciertos cánceres han evolucionado o mutado para sobrevivir a las recargas. Muchas enfermedades bacteriales o víricas sobreviven a las recargas. Unas cuantas incluso crecen con fuerza después de una recarga y se ha planteado como hipótesis que una variedad de gonorrea utiliza el proceso al ser transportada de un cuerpo a otro, permaneciendo latente en el portador y volviéndose infecciosa sólo cuando los genitales se han reorganizado en los del sexo opuesto.
    Aun así, la esperanza de vida en Occidente está aumentando.
    La razón por la cual algunos librecargadores —consumidores de Recarga por diversión— parece que envejecen con normalidad, mientras que otros no dan señales de envejecer en absoluto es algo que tiene intrigados a los científicos. Algunos afirman que el segundo grupo en realidad está envejeciendo a nivel celular. Otros sostienen que es demasiado pronto para percibirlo y que nadie sabe nada con certeza.
    Recargarse no invierte el proceso de envejecimiento; no obstante, hay pruebas de que, en algunas personas, puede detenerlo. Muchos miembros de la generación mayor, que hasta ahora se han resistido a recargarse por placer, empiezan a tomarlo a menudo, recargándose, tanto si tienen una condición médica que lo justifica como si no.


XI.

El dinero suelto ahora se conoce como calderilla o, en ocasiones, metálico.
    Al proceso de hacer diferente o de alterar suele llamársele variar.


XII.

Rajit se está muriendo de cáncer de próstata en su apartamento de Río. Tiene poco más de noventa años. Nunca ha tomado Recarga; ahora la idea le aterroriza. El cáncer se le ha extendido hasta los huesos de la pelvis y a los testículos.
    Toca el timbre. Sigue una espera corta para que el enfermero apague la telenovela de cada día y deje la taza de café. Al final, el enfermero entra.
    —Llévame fuera, al aire libre —le dice, con voz ronca. Al principio el enfermero finge no entenderle. Rajit lo repite, en su portugués rudimentario. El enfermero dice que no con la cabeza.
    Consigue levantarse de la cama —una figura consumida, tan encorvado que casi es jorobado y tan débil que da la sensación de que una tormenta se lo llevaría volando—, y empieza a andar hacia la puerta del apartamento.
    Su enfermero intenta, y no lo consigue, disuadirle. Entonces, le acompaña hasta el pasillo y le sostiene el brazo mientras esperan el ascensor. Rajit lleva dos años sin salir del apartamento; ni siquiera salía antes del cáncer. Está casi ciego.
    El enfermero le acompaña hasta el sol abrasador, al otro lado de la calle y abajo, a la arena de Copacabana.
    La gente que está en la playa se queda mirando al anciano, calvo y podrido, con un pijama antiguo, que mira a su alrededor con ojos sin color que antes fueron marrones a través de gafas de montura oscura con cristales de culo de vaso.
    Él les devuelve la mirada.
   Son dorados y hermosos. Algunos duermen sobre la arena. La mayoría están desnudos o llevan el tipo de atuendo de baño que realza su desnudez y la hace destacar.
    Rajit les conoce, entonces.
    Más tarde, mucho más tarde, hicieron otra película biográfica. En la secuencia final el anciano se cae de rodillas en la playa, como hizo en la vida real, y un hilo de sangre le sale de la bragueta abierta del pantalón del pijama, empapando el algodón desteñido y dejando un charco oscuro en la arena blanca. Los mira a todos, observándoles de uno a otro sobrecogido, como un hombre que al final ha aprendido a mirar el sol.
    Dijo sólo una palabra cuando murió, rodeado de la gente dorada, que no eran hombres, que no eran mujeres.
    Dijo, «Ángeles»  
    Entonces, la gente que estaba viendo la película biográfica, tan dorados, tan hermosos, tan cambiados como la gente de la playa, supo que todo  había acabado.
     Y, en algún sentido que Rajit habría comprendido, así era.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Neil Gaiman: "Pasteles de bebé"


Hace unos años todos los animales se fueron.
    Nos despertamos una mañana y ya no estaban allí. Ni siquiera nos dejaron una nota o nos dijeron adiós. Nunca acabamos de entender adónde se habían ido.
    Los echábamos de menos.
    Algunos pensamos que el mundo se había acabado, pero no era así. Sencillamente, no había más animales. Ni gatos ni conejos, ni perros ni ballenas, ni peces en los mares, ni aves en los cielos.
    Estábamos completamente solos.
    No sabíamos qué hacer.
    Vagamos perdidos un tiempo y entonces alguien señaló que, sólo porque ya no había animales, no teníamos por qué cambiar nuestras vidas. No teníamos por qué cambiar nuestras dietas o dejar de poner a prueba productos que podrían hacernos daño.
    Después de todo, aún quedaban los bebés.
    Los bebés no saben hablar. Apenas se pueden mover. Un bebé no es una criatura racional y pensante.
    Hicimos bebés.
    Y los usamos.
    Algunos nos los comimos. La carne de bebé es tierna y suculenta.
    Los despellejamos y nos decoramos con su piel. El cuero de bebé es suave y cómodo.
    Con otros hicimos pruebas.
    Les sujetamos los ojos abiertos con cinta adhesiva y vertimos detergentes y champús dentro, de gota en gota.
    Los cubrimos de cicatrices y los escaldamos. Los quemamos. Los sujetamos con abrazaderas y colocamos electrodos en sus cerebros. Hicimos injertos y los congelamos e irradiamos.
    Los bebés respiraban nuestro humo y en sus venas corrían nuestras medicinas y drogas, hasta que dejaban de respirar o hasta que la sangre les dejaba de correr.
    Fue duro, desde luego, pero era necesario.
    Nadie podía negarlo.
    Si habían desaparecido los animales, ¿qué otra cosa podíamos hacer?
    Algunas personas se quejaron, por supuesto. Pero la verdad es que siempre lo hacen.
    Así que todo volvió a la normalidad.
    Pero...
    Ayer, todos los bebés habían desaparecido.
    No sabemos adónde se fueron. Ni siquiera los vimos marcharse.
    No sabemos qué vamos a hacer sin ellos.
    Pero ya se nos ocurrirá algo. Los seres humanos son listos. Es lo que nos hace superiores a los animales y a los bebés.
    Ya encontraremos una solución.

miércoles, 13 de abril de 2011

Los otros (relato de Neil Gaiman)

Autorretratos realizados Josu Sein

—Aquí el tiempo es fluido—dijo el demonio.
Supo que era un demonio en el mismo momento en que lo vio. Simplemente lo sabía, del mismo modo que sabía que aquel lugar era el infierno. Ninguno de los dos podría haber sido otra cosa.
La habitación era alargada, y el demonio esperaba junto a un brasero humeante situado en el otro extremo. De las paredes de piedra gris colgaban multitud de objetos, objetos que no habría sido prudente ni tranquilizador inspeccionar de cerca. El techo era bajo, el suelo, extrañamente insustancial.
—Acércate más—dijo el demonio, y el hombre obedeció.
El demonio estaba flaco como un fideo e iba desnudo. Tenía muchas cicatrices, y parecía que le hubieran arrancado la piel en un pasado remoto. Tampoco tenía orejas, ni sexo. Sus labios eran finos y tenían un aire ascético; sus ojos eran demoníacos: habían visto demasiado y habían llegado demasiado lejos, su mirada hacía que el hombre se sintiera más insignificante que una mosca.
—¿Qué va a pasar ahora?—preguntó.
—Ahora—replicó el demonio, con una voz que no denotaba pena, ni tampoco deleite, tan sólo una rotunda y atroz resignación—vas a ser torturado.
—¿Por cuánto tiempo?
Pero el demonio se limitó a menear la cabeza y no respondió a la pregunta. Empezó a caminar despacio a lo largo de la pared, paseando su mirada de objeto en objeto. En el extremo más alejado de la pared, junto a la puerta cerrada, había un látigo de 9 correas hecho de alambres pelados. Con una mano en la que sólo había 3 dedos, el demonio lo descolgó de la pared y volvió junto al hombre, transportando el macabro instrumento con suma ceremonia. Colocó las correas de alambre sobre el brasero y se quedó mirando cómo se calentaban.
—Eso es inhumano.
—Sí.
Los extremos de las 9 correas empezaban a adquirir un tono anaranjado.
Mientras alzaba el brazo para asestar el primer latigazo, dijo:
—Dentro de algún tiempo recordarás todo esto can cariño, incluso este momento.
—Eres un mentiroso.
—No—replicó el demonio—. Lo que viene después es peor—le explicó, justo antes de azotarle.
Entonces, las correas del látigo se estrellaron contra la espalda del hombre, desgarrando sus caras ropas, que ardían y se hacían tiras al contacto con los alambres incandescentes, y el hombre profirió un grito. Pero la cosa no había hecho más que empezar.
En las paredes esperaban aún 211 instrumentos de tortura y, a su debido tiempo, habría de probar cada uno de ellos.
Cuando, por fin, la Hija del Lazareno, a la que había llegado a conocer muy íntimamente, fue limpiada y colocada de nuevo en la pared en el puesto 212, entonces, con una mueca de dolor, masculló:
—Y ahora, ¿qué?
—Ahora—respondió el demonio—es cuando viene el dolor de verdad.
Y así fue.
Todo cuanto había hecho en su vida y que habría sido mejor no hacer; cada mentira que había dicho—ya fuera a sí mismo o a otros—; cada pequeño dolor que había infligido, y los grandes también... cada uno de ellos iba siendo extraído de su interior, detalle a detalle, centímetro a centímetro. El demonio le fue arrancando a tiras la piel del olvido, desnudándolo hasta dejar sólo la verdad, y aquello le dolió más que cualquier otra cosa.
—Dime qué pensaste cuando ella salió por la puerta—dijo el demonio.
—Pensé que mi corazón estaba roto.
—No—replicó el demonio, pero en su voz no había odio—, no fue eso lo que pensaste.
Se le quedó mirando fijamente con sus inexpresivos ojos, y él no tuvo más remedio que apartar la vista.
—Pensé: ya nunca sabrá que he estado acostándome con su hermana.
El diablo seguía diseccionando su vida, momento a momento, cada instante. Aquello duró unos cien años, o quizás mil—tenían todo el tiempo del mundo—y cuando se acercaba ya el final, se dio cuenta de que el demonio le había dicho la verdad: la tortura física había resultado más llevadera.
Y terminó.
Y una vez hubo terminado, volvió a empezar de nuevo. Sólo que ahora se conocía a sí mismo como no se había conocido nunca, lo que de alguna manera lo hacía todo aún más insoportable.
Ahora, mientras hablaba, se odiaba con toda su alma. Ya no había mentiras, ni evasivas, ni sitio para otra cosa que no fueran el dolor y la ira.
Estaba hablando. Había dejado de llorar. Y cuando terminó, unos mil años más tarde, rezó para que el demonio fuera hasta la pared y cogiera el cuchillo de despellejar, la pera oral o las empulgueras.
—Otra vez—dijo el demonio.
El hombre empezó a gritar. Estuvo gritando mucho tiempo.
—Otra vez—volvió a decir el demonio cuando hubo terminado.
Era como pelar una cebolla. Esta vez, al revisar su vida, comprendió que todo tiene sus consecuencias. Vio el resultado de las cosas que había hecho, resultado del que no era consciente mientras las hacía; las mil maneras en que había dañado al mundo; el mal que había hecho a personas a las que no conocía y con las que jamás se había tropezado. Era la lección más dura que había aprendido hasta ese momento.
—Otra vez—repitió el demonio mil años más tarde.
El hombre se puso en cuclillas, junto al brasero, meciéndose levemente, con los ojos cerrados, y relató la historia de su vida, reviviéndola según la iba contando, desde su nacimiento hasta su muerte, sin alterar nada, sin dejarse nada en el tintero, haciendo frente a todo. Abrió su corazón de par en par.
Cuando terminó, se quedó allí sentado, con los ojos cerrados, esperando oír de nuevo aquella voz: "Otra vez". Pero el demonio permanecía en silencio. Abrió los ojos.
Se puso en pie, despacio. Estaba solo.
En el extremo opuesto de la habitación había una puerta abierta. Un hombre cruzó la puerta. Su rostro denotaba pavor, y también arrogancia y orgullo. El hombre, que iba vestido con ropa cara, avanzó vacilante unos cuantos pasos y luego se detuvo.
Cuando vio al hombre, lo comprendió todo.
—Aquí el tiempo es fluido—le dijo al recién llegado.