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viernes, 17 de abril de 2015

Jeffrey Eugenides: "Middlesex"


Los libros excesivamente gruesos me suelen dar pereza, pero nunca me cansaré de releer "Middlesex" de Jeffrey Eugenides con sus 673 páginas (libro de bolsillo). Inmigración. Genocidio de los turcos a los griegos, un hecho del que los libros de historia no suelen hablar. De griegos en Turquía a grecoamericanos. Incesto. Racismo. Intersexualidad. Todo contado de una manera que jamás he observado en otras novelas. Siempre en primera persona incluso cuando aún el protagonista no ha nacido para vivir lo que se cuenta. Una historia autobiográfica contada por un intersexual desde la vida de sus abuelos en Grecia antes de su nacimiento, abuelos que eran hermanos carnales, hasta su edad adulta, sin que ello impida identificarte con el resto de personajes. Olvidando detalles adrede para recuperarlos más adelante, con menciones tanto científicas como mitológicas y por supuesto filosóficas tratando de lo que trata. Una prosa personalísima que a pesar de ser pura prosa me resulta muy poética quizás por su sensibilidad... Una verdadera joya. ¿Te interesan las teorías queer que ponen en tela de juicio el concepto de género que nos han metido a la fuerza desde pequeños para que formemos parte de eso que llaman normalidad pero no te van los ensayos? Entonces tienes que leer esta novela. Indispensable.

"Nací dos veces: fui niña primero en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Peroskey, Michigan, en agosto de 1974. Los lectores de publicaciones especializadas quizá se hayan topado conmigo en el artículo «Identidad sexual en los pseudohermafroditas con deficiencia de 5-alfa reductasa», del doctor Peter Luce, publicado en la Revista de Endocrinología Pediátrica en 1975."

"¡Háblame, Musa, de la mutación recesiva ligada a mi quinto cromosoma! Háblame de cómo prosperó dos siglos y medio atrás en la falda del Monte Olimpo, mientras las cabras balaban y las aceitunas caían al suelo. Háblame de cómo se transmitió a lo largo de nueve generaciones, invisible y agazapado en el contaminado seno de la familia Stephanides. Y háblame de cómo la Providencia, amparándose en una matanza, aventó de nuevo el gen; háblame de cómo lo lanzó cual semilla al otro lado del océano hasta América, donde empujado por el viento atravesó nuestras lluvias industriales hasta caer en el terreno fértil del vientre de mi madre, en plena región central del país.
Si a veces me pongo un poco homérico, lo siento. También es algo genético."

"Trato de volver mentalmente a una época anterior a la genética, antes de que todo el mundo adquiriese la costumbre de explicar cualquier cosa con un: «Está en los genes.» Un tiempo anterior a nuestra actual libertad... ¡y mucho más libre!"

"Los griegos nos casamos en círculo, para que se nos queden grabados los elementos esenciales del matrimonio: para ser feliz hay que encontrar variedad en la repetición; para avanzar hay que volver a donde se ha empezado.
Ahora bien, en el caso de mis abuelos, se trazó un triple círculo: Cuando pasearon por cubierta la primera vez, Lefty y Desdémona seguían siendo hermanos. La segunda vez, eran novios. Y la tercera, marido y mujer."

"Hecho histórico: la gente dejó de ser humana en 1913. El año en que Henry Ford hizo que los vehículos avanzaran sobre rodillos y que sus operarios fuesen tan rápidos como la cadena de montaje."

"La memoria se revisa a sí misma. La memoria pinta con aerosol."

"La normalidad no era normal. No podía serlo. Si la normalidad fuese normal, nadie se preocuparía de ella. El mundo podía quedarse tranquilo y dejar que la normalidad se manifestase por sí misma. Pero la gente tenía dudas sobre la normalidad, y sobre todo los médicos, que no estaban seguros de que se manifestara como era debido. De modo que se sentían inclinados a corregirla."

"El libre albedrío vuelve a la escena. La biología nos da un cerebro. La vida lo convierte en intelecto."

"Los navajos tienen una categoría de persona que denominan berdache. En principio, un berdache es alguien que cambia de sexo, que adopta una identidad sexual distinta a la de su sexo de nacimiento. Recuerda, Cal. El sexo es biológico. La identidad sexual es cultural. Los navajos entienden perfectamente ese hecho. Si alguien quiere cambiar de identidad sexual, se lo permiten. Y no lo denigran, sino que lo honran. Los berdaches son los chamanes de la tribu. Los curanderos, los grandes tejedores, los artistas."

domingo, 25 de enero de 2015

"Cambios" (relato de Neil Gaiman)

Fotografía de Txema Yeste (© Txema Yeste, 2002)
Modelo: Yo mismo

Autorretrato del año 2002

Autorretrato del año 2014




CAMBIOS


I.

Más tarde, señalarían la muerte de su hermana, el cáncer que se comió su vida de doce años, con tumores del tamaño de huevos de pato en el cerebro, y él un niño de siete años, mocoso y con el pelo cortado al uno, viendo con ojos marrones muy abiertos cómo ella se moría en un hospital blanco, y dirían, "Eso fue el principio de todo", y quizá lo fue.
    En Recarga (dir. Robert Zemeckis, 2018), la película biográfica, dan un salto atrás a su adolescencia y él está viendo a su profesor de ciencia morirse de SIDA y siguiendo una discusión sobre la disección de una rana grande de estómago pálido.
    —¿Por qué hemos de desmembrarla? —dice el joven Rajit, mientras la música sube—. ¿No deberíamos darle vida? —Su profesor, representado por el difunto James Earl Jones, parece avergonzado y después inspirado, y alza la mano desde la cama del hospital hasta el hombro huesudo del niño. "Bueno, si alguien puede hacerlo, Rajit, ése eres tú", dice en un murmullo de bajo profundo.
    El niño asiente con la cabeza y nos mira fijamente con una entrega en los ojos que raya en el fanatismo.
    Esto nunca ocurrió. 


II.

Es un día gris de noviembre y ahora Rajit es un hombre de cuarenta y tantos años, alto y con gafas de montura oscura, que en estos momentos no lleva puestas. La falta de gafas resalta su desnudez. Está sentado en la bañera mientras el agua se enfría, practicando la conclusión de su discurso. Camina un poco encorvado en la vida diaria, aunque ahora no lo está, y considera sus palabras antes de hablar. No es muy buen orador.
    El apartamento de Brooklyn, que comparte con otro investigador científico y un bibliotecario, hoy está vacío. Se le ha encogido y arrugado el pene en el agua tibia. "Lo que esto significa", dice en voz alta y despacio, "es que hemos ganado la guerra contra el cáncer".
    Entonces hace una pausa, acepta una pregunta de un periodista imaginario que está en el otro lado del cuarto de baño.
    —¿Efectos secundarios? —se responde en una voz resonante de cuarto de baño—. Sí, hay algunos efectos secundarios. Pero, por lo que hemos podido determinar, no se trata de nada que cree cambios irreparables.
    Sale de la bañera de porcelana desconchada y camina, desnudo, hasta la taza del váter, donde vomita mucho, el miedo a salir a escena atravesándole como un cuchillo para destripar. Cuando ya no le queda nada que vomitar y las náuseas secas han pasado, Rajit se enjuaga la boca con Listerine, se viste y coge el metro hasta el centro de Manhattan.


III.

Es, como señalará la revista Time, un descubrimiento que "revolucionaría la naturaleza de la medicina de forma absolutamente tan radical e importante como el descubrimiento de la penicilina".
    —¿Y si —dice Jeff Goldblum, en el papel del Rajit adulto en la película biográfica—, y si se pudiera recomponer el código genético del cuerpo? Hay tantas enfermedades que surgen porque el cuerpo ha olvidado lo que debería estar haciendo. El código está revuelto. El programa se ha corrompido. ¿Y si... y si se pudiera arreglar?
    —Estás loco —replica su novia preciosa y rubia, en la película. En la vida real no tiene novia; en la vida real la vida sexual de Rajit es una serie irregular de transacciones comerciales entre Rajit y los jóvenes de la agencia de Acompañantes AAA-Ajax.
    —Mira —dice Jeff Goldblum, expresándolo mejor de lo que Rajit lo expresó jamás—, es como un ordenador. En vez de intentar arreglar los problemas técnicos provocados por un programa corrupto uno a uno, síntoma a síntoma, basta con reinstalar el programa. Toda la información está allí desde el primer momento. Sólo tenemos que decirle a nuestros cuerpos que vuelvan a comprobar el ARN y el ADN, que vuelvan a leer el programa, si quieres. Y, luego, que lo vuelvan a cargar.
    La actriz rubia sonríe y detiene sus palabras con un beso, divertida e impresionada y apasionada.


IV.

La mujer tiene cáncer de bazo y de ganglios linfáticos y de abdomen: linfoma no hodgkiniano. Además, tiene neumonía. Ha aceptado la petición de Rajit de utilizar un tratamiento experimental con ella. También sabe que asegurar que uno puede curar el cáncer es ilegal en América. Era una mujer gorda hasta hace poco, pero ha perdido peso y a Rajit le recuerda a un muñeco de nieve al sol: cada día se deshace, cada día está, le parece a él, menos definida.
    —No es una droga en el sentido que usted se figura —le dice a la mujer—, es un conjunto de instrucciones químicas —ella parece perpleja. Rajit le inyecta dos ampollas de un líquido transparente en las venas.
    Pronto está dormida.
    Cuando se despierta, se ha librado del cáncer. La neumonía la mata poco después.
    Rajit ha pasado los dos días previos a la muerte de la mujer preguntándose cómo explicará el hecho de que, tal como demuestra la autopsia sin ninguna duda, la paciente ahora tiene un pene y es, en todo sentido, tanto por sus funciones como por sus cromosomas, varón.


V.

Han pasado veinte años y estamos en un apartamento diminuto en Nueva Orleans (aunque también podría ser Moscú o Manchester o París o Berlín). Esta noche va a ser la gran noche y Juan/a estará despampanante.
    Tiene que elegir entre un vestido de salón francés del siglo XVIII estilo miriñaque para polonesas (polisón de fibra de vidrio, escote con estructura interior de alambre en corpiño carmesí bordado con encaje), o una reproducción del traje de salón de Sir Phillip Sydney, de terciopelo negro e hilo de plata, con gorguera y bragueta y todo. Al final, después de sopesar las opciones, Juan/a se decide por escote frente a polla. Quedan doce horas: Juan/a abre la botella de las pastillas rojas, cada pastillita roja marcada con una X, y se traga dos. Son las 10 de la mañana y Juan/a se va a la cama, empieza a masturbarse, tiene el pene semiduro, pero se duerme antes de correrse.
    La habitación es muy pequeña. Hay ropa colgando de todas las superficies y una caja de pizza vacía en el suelo. Juan/a suele roncar fuerte, pero cuando hace una carga libre no hace ningún ruido en absoluto y podría estar en una especie de coma.
    Juan/a se despierta a las 10 de la noche, sintiéndose tierna y como nueva. Cuando empezó con la movida de las fiestas, cada cambio provocaba un auto-examen riguroso, en el que inspeccionaba lunares y pezones, prepucio o clítoris, y descubría qué cicatrices habían desaparecido y cuáles se habían quedado. Sin embargo, Juan/a es ahora un veterano y se pone el polisón, las enaguas, el corpiño y el vestido, con los pechos nuevos (altos y cónicos) muy juntos y las enaguas arrastrando por el suelo, lo que significa que puede ponerse debajo las botas de Doctor Martens de hace cuarenta años (nunca se sabe cuándo habrá que correr o andar o dar patadas y las zapatillas de seda no le hacen ningún favor a nadie).
    Una peluca alta y empolvada completa la imagen. Y unas gotas de colonia. Entonces Juan/a hurga bajo las enaguas, se mete un dedo entre las piernas (no lleva bragas, reivindicando un deseo de autenticidad que las Doc Martens desmienten) y luego se da unos toques detrás de las orejas, para que le den suerte, quizá, o para ayudarle a ligar. El taxi llama a la puerta a las 11:05 y Juan/a baja y va al baile.
    Mañana por la noche Juan/a se tomará otra dosis; su identidad laboral durante la semana es estrictamente varón.


VI.

Rajit nunca vio la acción de transformación de sexo de la Recarga como algo más que un efecto secundario. El premio nobel fue por el trabajo contra el cáncer (se descubrió que la recarga funcionaba para la mayoría de los cánceres, pero no para todos).
    Para ser un hombre inteligente, Rajit era sorprendentemente corto de miras. Había algunas cosas que no había previsto. Por ejemplo:
    Que habría gente que, muriéndose de cáncer, preferirían morir a experimentar un cambio de sexo.
    Que la iglesia católica se declararía en contra del catalizador químico de Rajit, comercializado en esos momentos con el nombre de marca de Recarga, principalmente porque el cambio de sexo hacía que un cuerpo de mujer reabsorbiera la carne de un feto cuando se recargaba: los varones no podían estar embarazados. Unas cuantas sectas religiosas más se declararían en contra de Recarga, la mayoría de ellas citando el Génesis, 1:27, "y los creó macho y hembra", como motivo.
    Las sectas que se declararon en contra de la recarga incluían: el islamismo, la ciencia cristiana, la iglesia ortodoxa rusa, la iglesia católica romana (con un número de voces discrepantes), la iglesia de la unificación, los trekkies ortodoxos, el judaísmo ortodoxo y la alianza fundamentalista de los E.E.U.U.
    Entre las sectas que se declararon a favor del uso de la Recarga cuando un médico titulado lo consideraba el tratamiento apropiado se incluían la mayoría de los budistas, la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, la iglesia ortodoxa griega, la iglesia de la cienciología, la iglesia anglicana (con un número de voces discrepantes), los nuevos trekkies, el judaísmo liberal y reformista y la coalición de la nueva era de América.
    Las sectas que al principio se declararon a favor de utilizar la Recarga de forma recreativa: ninguna.
    Aunque Rajit se daba cuenta de que la Recarga haría que la operación de cambio de sexo resultara obsoleta, nunca se le ocurrió que alguien quisiera tomarlo por razones de deseo o curiosidad o evasión. Por lo tanto, nunca previó el mercado negro de Recarga y catalizadores químicos similares; ni tampoco que, a los quince años de la puesta en venta de Recarga y de la aprobación de la FDA, las ventas ilegales de las imitaciones de Recarga de diseño (carga pirata, como se las conoció pronto) venderían, gramo a gramo, más de diez veces que la heroína y la cocaína.


VII.

En varios de los Nuevos Estados Comunistas de Europa del Este la posesión de cargas pirata traía aparejada la pena de muerte.
    Se denunció que en Tailandia y Mongolia se estaba obligando a recargar a los chicos en chicas para aumentar su valor como prostitutas.
    En China las niñas recién nacidas se recargaban en niños: las familias ahorraban todo lo que tenían por una única dosis. Los ancianos se morían de cáncer igual que antes. La crisis de la tasa de natalidad subsiguiente no se consideró como un problema hasta que fue demasiado tarde, las soluciones drásticas que se propusieron resultaron difíciles de ejecutar y condujeron, a su modo, a la revolución final.
    Amnistía Internacional denunció que en varios de los países panárabes estaban encarcelando y, en muchos casos, violando y asesinando, a los hombres que no podían demostrar fácilmente que habían nacido varones y que no eran, en realidad, mujeres que huían del velo. La mayoría de los líderes árabes negaron que ninguno de esos fenómenos estuviera ocurriendo o hubiera ocurrido jamás.



VIII.

Rajit tiene sesenta y tantos años cuando lee en The New Yorker que la palabra cambio está adquiriendo connotaciones de indecencia profunda y de tabú.
    Los colegiales se ríen avergonzados cuando se encuentran frases como "Necesitaba un cambio" u "Hora de cambiar" o "Los vientos del cambio" en sus estudios de literatura de antes del siglo XXI. En una clase de inglés en Norwich risitas obscenas y horrorizadas reciben a un chico de catorce años que descubre la frase "Con un cambio se renuevan las energías".
    Un representante de la King's English Society escribe una carta a The Times, en la que lamenta la pérdida para la lengua inglesa de otra palabra totalmente aceptable.
    Varios años después procesan de modo satisfactorio a un joven de Streatham por llevar en público una camiseta con el lema ¡HE CAMBIADO! impreso con toda claridad.


IX.

Jackie trabaja en Blossoms, un club nocturno de Hollywood Oeste. Hay docenas, si no cientos, de Jackies en Los Ángeles, miles por todo el país, cientos de miles por todo el mundo.
    Algunos de ellos trabajan para el gobierno, otros para organizaciones religiosas o para empresas. En Nueva York, Londres y Los Ángeles, la gente como Jackie está en la puerta de locales muy exclusivos.
    Lo que hace Jackie es observar a la gente que va entrando y pensar, Nacido V ahora M, nacida M ahora V, nacido V ahora V, nacido V ahora M, nacida M ahora M...
    En "Noches Naturales" (es decir: sin cambios) Jackie repite, «Lo siento, esta noche no puede entrar» muchas veces. La gente como Jackie tiene un acierto del 97 por ciento. Un artículo del Scientific American sugiere que la capacidad para el reconocimiento del sexo de nacimiento podría ser de herencia genética: Una habilidad que siempre existió pero que no tuvo ningún valor estricto de supervivencia hasta ahora.
    A Jackie le tienden una emboscada en las primeras horas de la madrugada, después del trabajo, al fondo del aparcamiento del Blossoms. Y Jackie, cada vez que otra bota le patea la cara y el pecho y la cabeza y la entrepierna, piensa, Nacido V ahora M, nacida M ahora M, nacida M ahora V, nacido V ahora V...
    Cuando Jackie sale del hospital, visión sólo en un ojo, la cara y el pecho un único cardenal inmenso y verde violáceo, recibe un mensaje, enviado con un ramo enorme de flores exóticas, que dice que su puesto de trabajo sigue vacante.
    No obstante, Jackie coge el tren bala a Chicago y, de ahí, coge el tren de escala a Kansas City y se queda allá, trabajando como pintor y electricista, profesiones para las que Jackie se había entrenado hace mucho tiempo, y no regresa.


X.

Rajit tiene ahora setenta y tantos años. Vive en Río de Janeiro. Es lo bastante rico como para satisfacer cualquier capricho; sin embargo, ya no quiere practicar el sexo con nadie. Observa a todo el mundo con recelo desde la ventana de su apartamento, mientras mira fijamente los cuerpos bronceados en la playa de Copacabana, y duda.
    La opinión que tiene de él la gente que está en la playa es igual al agradecimiento que sentiría hacia Alexander Fleming un adolescente con clamidia. La mayoría se imagina que Rajit ya debe de estar muerto. A todos les da igual.
    Se ha sugerido que ciertos cánceres han evolucionado o mutado para sobrevivir a las recargas. Muchas enfermedades bacteriales o víricas sobreviven a las recargas. Unas cuantas incluso crecen con fuerza después de una recarga y se ha planteado como hipótesis que una variedad de gonorrea utiliza el proceso al ser transportada de un cuerpo a otro, permaneciendo latente en el portador y volviéndose infecciosa sólo cuando los genitales se han reorganizado en los del sexo opuesto.
    Aun así, la esperanza de vida en Occidente está aumentando.
    La razón por la cual algunos librecargadores —consumidores de Recarga por diversión— parece que envejecen con normalidad, mientras que otros no dan señales de envejecer en absoluto es algo que tiene intrigados a los científicos. Algunos afirman que el segundo grupo en realidad está envejeciendo a nivel celular. Otros sostienen que es demasiado pronto para percibirlo y que nadie sabe nada con certeza.
    Recargarse no invierte el proceso de envejecimiento; no obstante, hay pruebas de que, en algunas personas, puede detenerlo. Muchos miembros de la generación mayor, que hasta ahora se han resistido a recargarse por placer, empiezan a tomarlo a menudo, recargándose, tanto si tienen una condición médica que lo justifica como si no.


XI.

El dinero suelto ahora se conoce como calderilla o, en ocasiones, metálico.
    Al proceso de hacer diferente o de alterar suele llamársele variar.


XII.

Rajit se está muriendo de cáncer de próstata en su apartamento de Río. Tiene poco más de noventa años. Nunca ha tomado Recarga; ahora la idea le aterroriza. El cáncer se le ha extendido hasta los huesos de la pelvis y a los testículos.
    Toca el timbre. Sigue una espera corta para que el enfermero apague la telenovela de cada día y deje la taza de café. Al final, el enfermero entra.
    —Llévame fuera, al aire libre —le dice, con voz ronca. Al principio el enfermero finge no entenderle. Rajit lo repite, en su portugués rudimentario. El enfermero dice que no con la cabeza.
    Consigue levantarse de la cama —una figura consumida, tan encorvado que casi es jorobado y tan débil que da la sensación de que una tormenta se lo llevaría volando—, y empieza a andar hacia la puerta del apartamento.
    Su enfermero intenta, y no lo consigue, disuadirle. Entonces, le acompaña hasta el pasillo y le sostiene el brazo mientras esperan el ascensor. Rajit lleva dos años sin salir del apartamento; ni siquiera salía antes del cáncer. Está casi ciego.
    El enfermero le acompaña hasta el sol abrasador, al otro lado de la calle y abajo, a la arena de Copacabana.
    La gente que está en la playa se queda mirando al anciano, calvo y podrido, con un pijama antiguo, que mira a su alrededor con ojos sin color que antes fueron marrones a través de gafas de montura oscura con cristales de culo de vaso.
    Él les devuelve la mirada.
   Son dorados y hermosos. Algunos duermen sobre la arena. La mayoría están desnudos o llevan el tipo de atuendo de baño que realza su desnudez y la hace destacar.
    Rajit les conoce, entonces.
    Más tarde, mucho más tarde, hicieron otra película biográfica. En la secuencia final el anciano se cae de rodillas en la playa, como hizo en la vida real, y un hilo de sangre le sale de la bragueta abierta del pantalón del pijama, empapando el algodón desteñido y dejando un charco oscuro en la arena blanca. Los mira a todos, observándoles de uno a otro sobrecogido, como un hombre que al final ha aprendido a mirar el sol.
    Dijo sólo una palabra cuando murió, rodeado de la gente dorada, que no eran hombres, que no eran mujeres.
    Dijo, «Ángeles»  
    Entonces, la gente que estaba viendo la película biográfica, tan dorados, tan hermosos, tan cambiados como la gente de la playa, supo que todo  había acabado.
     Y, en algún sentido que Rajit habría comprendido, así era.

martes, 3 de septiembre de 2013

Goldfrapp: "Annabel"


Como ya señalé en una entrada anterior, el nuevo disco de Goldfrapp que verá la luz la semana que viene, está compuesto por temas con nombres de mujer que van acompañados de un corto dirigido por la novia de Alison Goldfrapp, Lisa Gunning, y que se acabará viendo en los cines en forma de película. Podemos seguir observando que Goldfrapp, como en el corto anterior en el que prima la emotiva pansexualidad después de sus escarceos con las pistas de baile, han vuelto al romanticismo de sus discos más emblemáticos, tratándose no ya sólo de un romanticismo gótico sino también de un romanticismo sensual y amoroso (que nadie me malinterprete de la misma manera que un concepto tan bello como el del romanticismo histórico está hoy en día tan alienado y desvirtuado).
Ayer Goldfrapp nos regalaron el segundo corto que trata sobre la memoria, la identidad y el género, correspondiente al tema "Annabel", la bella y emotiva historia, ya que una anécdota puede conducir a una historia completa, de un joven chico andrógino que explora su femineidad. Según Alison Goldfrapp es la historia de un chico atrapado en el cuerpo de una chica. El corto está inspirado en una novela homónima del 2010 escrita por Kathleen Winter, en la que una niña hermafrodita es forzada en la Canadá de los años 60 a adoptar una identidad masculina por decisión de sus padres, como habitual y lamentablemente suele pasar con la gente nacida intersexual, a excepción últimamente de países como Alemania en los que los padres ante la duda podrán en la partida de nacimiento no especificar "masculino" o "femenino", sino simplemente "en blanco". Después de unos minutos sin música con un b/n melancólico que hace referencia a un recuerdo si no triste por lo menos dubitativo en los que el actor protagonista explora el tacto de la naturaleza y los campos de juegos, se va encontrando con elementos socialmente considerados femeninos y con los que se identifica, surgiendo un color apagado y setentero que probablemente haga referencia a otra clase de recuerdo, ése que por ser más un deseo y una revelación está aún por construirse entre opacos sueños que guerrean contra ese artificio bautizado como Realidad, con unos brillos y unos tonos pastel que no son más que la exteriorización de la mente de Annabel, ahora que ya sabemos de qué trata el tema...

Cuando sueñas, tú sólo sueñas que eres Annabel...


 
Cuando vuestro disco llegue a mis manos comenzará sin duda en mí una etapa muy emocional y emotiva, para bien y para mal...