








Josu Sein
El odio como fuerza positiva bien enfocada, junto al amor, es lo que conduce a buscar el cambio de determinadas situaciones deplorables, en este caso el odio hacia los verdugos tauricidas y el amor hacia las víctimas. La indiferencia conduce al estancamiento. Para qué nos vamos a andar con rodeos. Estoy cansado de los tabúes rollo
new age. Por supuesto que también odio a cualquier maltratador de otros animales, pero me centro en la tauromaquia porque es el espectáculo sádico predominante a nivel estatal (por poco tiempo) a pesar de que se cometan otras atrocidades en determinados pueblos o comunidades, y porque me estoy centrando en las fotos de la manifa antitaurina donostiarra que fotografié el pasado domingo. Si alguien se presenta y me dice que es torero lo más amable que se me ocurre hacer es darme la vuelta e irme. Se me llena la boca al decir no tolero a los tauricidas. Esto no es como respetar una creencia personal, una religión, una opción sexual, o cualquier otra característica que en principio, aunque no siempre, sólo atañe a la la forma de vida de un individuo o colectivo sin que influya en los demás. Si se prohíben el uso de las drogas, como ya se hace, o el comportamiento sexual privado que no dañe a otro, ya entramos en el ámbito de la dictadura, amparándose en la falacia del
delito sin víctima, pero resulta que en la tauromaquia hay víctima, aunque lamentablemente
aún no figure como delito. Los liberales sostenemos que 2 o más individuos hagan entre ellos lo que consideren oportuno, pero que todo abuso de poder debe ser prohibido, con todas las letras,
PROHIBIDO. La dictadura, basada en la creencia de que uno tiene el derecho a hacer lo que le venga en gana a otros, que es lo que hace un tauricida, es la antítesis de los liberales, de ahí que me produzca risa y rabia a partes iguales que a los antitaurinos se nos tache de dictadores por pretender quitarle a alguien la libertad de quitarle a su vez su libertad a otro ser. Un tauricida abusa de su poder. ¿Debemos permitir que quien quiera ver una ejecución pública, una tortura a un homosexual o una ablación del clítoris lo haga y quien no quiera no en nombre de la tolerancia? Siempre se acaba con el mismo debate. Somos unos bárbaros (es que va a resultar que los tauricidas son de lo más cariñoso, tolerante, respetuoso y amable...) por equiparar (que no comparar) a los humanos con las demás especies animales. Claro, es que nos hemos olvidado de los tiempos en los que resultaba
obvio que las mujeres eran seres inferiores hasta que se llegó a debatir incluso si tenían alma, dando por hecho que los hombres sí la tenían. Bien, pues es que yo no soy antropocentrista ni especista, por lo que no me creo superior a un individuo de otra especie animal. Es una supina gilipollez que a pesar de que somos animales nos desmarquemos de ellos y metamos en el mismo saco a una ballena o incluso a un toro junto a un gusano cuando la ballena y el toro tienen muchísimo más en común con nosotros que con un gusano. Jodida vanidad humana... Pero bien, pasaré por el aro y obviaré esa supuesta superioridad humana, sin que tal aseveración salga jamás de mi boca, y me centraré en otros animales. ¿Debemos permitir que quien quiera ver apalear a focas, disparar a gatos o estrangular a perros lo haga y quien no quiera no en nombre de la tolerancia? Muchos de vosotros os echáis las manos a la cabeza con el puto pepero con polo rosa que torturaba y mataba gatos para fotografiarse con ellos, con los chinos que comen perros y gatos y hacen pieles con ellos, o con los esquimales que les destrozan la cabeza a las focas. Pero en qué insana cabeza cabe que todo esto debe ser tolerado. ¿Es que no os dais cuenta de que ese rango de superioridad e inferioridad es totalmente arbitrario? Las vacas y las ratas son sagradas para los hindúes mientras que nosotros nos comemos a unas y detestamos a las otras. ¿Quiénes son los chinos para sentenciar que los perros y gatos son inferiores a otros animales? ¿Quiénes son los hindúes para sentenciar que las vacas son superiores a otros animales? ¿Quiénes somos los occidentales europeos para sentenciar que los perros y gatos, bajo esa gilipollez de
animales domésticos que en otras culturas no son considerados como tales, tienen más derechos que un cerdo, una vaca o un toro? Como ya dije en el antrior post, ya es hora de que los humanos se limiten a legislar su convivencia dejando en paz a las demás especies animales. Prohibir una forma de vida que atañe únicamente al ámbito privado es malo y propio de dictadores. Prohibir el abuso de poder y la tortura hacia cualquier ser, precisamente para evitar ese entrometerse en el ámbito privado y robarle la libertad a otro, es bueno y propio de liberales. Algunos ignorantes incluso recurren a Nietzsche al utilizar estos términos, por aquello de "Más allá del bien y del mal", desconociendo que Nietzsche era defensor de los derechos de los animales y que se refería únicamente a la moral religiosa que detestaba, ésa de la que tanto presumen por otra parte los tauricidas.
Odio a los toreros. Odio a esos mequetrefes
COBARDES que necesitan alardear de su fuerza y su supuesta superioridad por sus cobardías y carencias en la vida diaria y que no son capaces de enfrentarse a un depredador al que no haría falta encerrar en ninguna plaza, sino a un herbívoro que huiría si viera cualquier salida en la misma. Odio a esos taurinos que recurren a la supuesta catástrofe que va a suponer la pérdida de empleo de tanta gente (a cualquier cosa la llaman trabajo) cuando perfectamente se podrían reciclar y trabajar en reservas naturales para toros y así protegerlos en lugar de torturarlos, cosa que no estaría nada mal (que no falte el dar ideas). Odio que a gays y pseudo-feministas se les caigan las bragas con tíos que representan al machista violento. Odio a los sádicos.
LOS ODIO. Qué le vamos a hacer si uno de mis lemas favoritos es el siguiente:
¡¡¡TORERO MUERTO, ABONO PA' MI HUERTO!!!